Derechos, obligaciones, sentencias y excesos

. 20101031
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Esta semana sucedieron tres cosas que han llamado mi atención. La primera, la sentencia contra Godoy, el blogger que difamó, según sentencia de primera instancia, que ha sido apelada por su defensa, a Mufarech y la consecuente reacción de la prensa ante la condena impuesta; la segunda, la infeliz frase que el personaje interpretado por Sofía Vergara soltó en un capítulo de una serie norteamericana; y, la tercera, la muerte de los tres serenos de Surquillo.

Derecho a informar(se) bien
En el caso de la sentencia contra Godoy, antes de emitir comentario, quise leerla y leer, también, el famoso post que dio pie a la querella presentada por Mufarech, sobre todo porque en principio, "por lo que había leído", me inclinaba a pensar que, en efecto, el fallo sería un nuevo atentado contra la libertad de expresión y un paso más hacía la censura no sólo de los medios tradicionales de comunicación e información, sino también contra los ciudadanos comunes que, gracias a los blogs y demás bondades del ciber espacio, podemos dar a conocer nuestra propia voz, de forma directa y sin intermediarios que la acomoden o editen. En ese orden, uno de los comentarios que más llamó mi atención fue aquel que decía que la sentencia no tenía ningún sustento jurídico. Cosa que, como egresado de una facultad de derecho, me parecía inaudita pues, uno de los requisitos formales de una sentencia, según ley es, justamente, la fundamentación jurídica del fallo, y si la sentencia de marras carecía de este requisito básico de forma, era nula de todo derecho y en segunda instancia iba a ser irremediablemente revocada, además de poder ganarse quizás, la jueza que la dictó, un proceso en su contra iniciado por la OCMA o cualquier otro órgano competente por tan grosera falta. Luego me pasaron el texto de la sentencia y pude confrontar la misma con lo que el post del cual se hace responsable Godoy. Mi apreciación es la siguiente, de fácil a menos fácil de explicar. Los periodistas que dijeron que la sentencia carecía de sustento jurídico, lamentablemente, han cometido un error muy común en todos ellos: hablar sin enterarse. Me explico, la sentencia sí tiene una fundamentación jurídica en la que no sólo invoca al código penal, sino a la constitución, en los diversos artículos que para el caso son de aplicación. Que los periodistas consideren que no son aplicables esos artículos ya es otra cosa. Lamentablemente, señores, ustedes no han pasado por una facultad de derecho -al menos no la gran mayoría- y, claro, por eso no tienen por qué saber cómo es el teje y maneje de las cuestiones legales, pero, de ahí a decir cosas como esas sin ante al menos preguntar, no a un especialista en derecho penal, sino a cualquier egresado de una facultad de derecho, ya hay un abismo de criterio que deberían permitirse cruzar para no desinformar a la gente tratando de ganar la simpatía del público.

Obligación de informar(se) bien
Por otro lado, en la sentencia se haya culpable a Godoy del delito de difamación. Estoy en total acuerdo con esa parte de la sentencia. Lamentablemente el post publicado por Godoy, en su primer párrafo sí imputa directamente a Mufarech la comisión de ciertos delitos. 
Un detalle a tener en consideración en este punto: yo pensé que la demanda se había basado en la publicación completa, pero no, se ha basado únicamente, o al menos eso deja entre ver la sentencia, en ese primer párrafo que, como ya dije, sí es difamatorio desde mi punto de vista. 
Difamación ¿Cómo es eso?
Una explicación rápida de lo qué es el delito de difamación sería: la acción mediante la cual una persona imputa de modo público o que pueda hacerse público un hecho delictivo a otra persona. El aderezo de esta frase, para que pueda ser digerido sin problemas es el hecho y derecho por demás conocido de que nadie es culpable de nada hasta que se demuestre lo contrario. La única persona facultada en un estado democrático y de derecho (ojo con esto, porque no podemos, por un lado ampararnos en ello para poder ejercer nuestros derechos y luego, en el ejercicio del mismo, darle un zapatazo a la democracia y al estado de derecho) con capacidad para declarar que se ha demostrado la culpabilidad de alguien es un Juez especializado en lo penal.
Teniendo en consideración esto, y aunque nos joda lo sutil de esta leguleyada, Mufarech no es culpable de ningún delito. Podemos sospechar, creer, opinar que sí lo es; podemos decir que tenemos esto y aquello, elementos para casi convencernos de la autoría de ciertos delitos por parte de este tristemente célebre personaje, sí. Pero no podemos decir abiertamente que es un delincuente (razonamiento similar se hubiese seguido si Alán García hubiese decidido, por ejemplo, querellar al muchacho que le gritó corrupto en los pasillos de un hospital en lugar de tomarse la justicia por sus propias manos y quedar más sucio en su imagen de lo que ya está). Eso, imputar un delito de forma que pueda hacerse público, es un delito y, a mi criterio, y el de la jueza, Godoy lo cometió. 

Oportunidades desaprovechadas 
Un hecho que Godoy mismo, que siento trata de ponerse cómo una víctima martirizada que no es, ha puesto de manifiesto y que para mí juega completamente en su contra es que en una instancia anterior a la querella, Mufarech le solicitó que rectifique la información. Godoy, como ya sabemos, no aceptó y se amparó en que estaba citando fuentes. Es cierto, Godoy estaba citando fuentes periodísticas ajenas, lo hacía a través de enlaces o hipervínculos, pero, estos destinos de los enlaces eran informes periodísticos que daban cuenta de hechos que hacían sospechar de la comisión de los delitos, por lo que no podía, aún citando esas fuentes, afirmar que Mufarech era el autor de tales. Si se hubiesen tratado de sentencias firmes, entonces, ni vuelta que darle, pero no era el caso. Godoy, lejos de rectificar su publicación -léase: mejorar la redacción de ese bendito primer párrafo- contestó a Mufarech diciendo que no lo haría. Consecuencia: se ganó un proceso penal que acaba de perder en primera instancia. Las opciones para Godoy, antes de la querella, eran múltiples: eliminar el post, eliminar el primer párrafo o, simplemente, cambiar la redacción sin necesidad de someterse (si no lo quería) a la voluntad del querellante. Pero, la soberbia propia de los hombres de prensa le ganó y ya sabemos lo que sigue. Bastaba con haber puesto en condicional todo lo referido a la comisión de los delitos y ya, claro, revisar antes de publicar, porque, hasta un verbo le falta a ese párrafo.

DE MÁS
Excesos argumentativos
Con lo que no estoy de acuerdo es, primero, con el considerar que poner un adjetivo como "joyita" a un personaje cuya reputación -criterio valorativo subjetivo por demás; yo puedo pensar que ese es un señor altamente propenso a la comisión de delitos, con o sin razón para ello y por eso no me pueden enjuiciar-, no es de las más limpias que digamos, sea un acto delictivo. Si eso fuera así, todos los que hemos puesto una chapa o apodo alguna vez somos unos delincuentes. Señora jueza, eso no es un acto delictivo, es un acto común que no daña a nadie ¿O es que piensa que a su sobrino, ese el malcriadito, el que no quiere que llegue a su casa porque en seguida le ensucia la alfombra, le rompe las cortinas y desordena hasta debajo de la cama, no le podemos decir socarronamente que es una "joyita"? ¿O usted nunca se lo ha dicho? Considerar que eso es un acto delictivo sí es una tentativa de perjuicio a la libertad de expresión. El muchacho cree que don Mufa, como lo llaman algunos, sí es una "joyita", yo también lo pienso, por cierto y muchos más, se lo aseguro. No debió echar mano de ese argumento, no hacía falta para fallar como lo hizo, el hecho era claro desde cualquier punto de vista (terco Godoy, hasta ahora no saca el post de marras, ni lo corrije). Haber usado eso como argumento para su sentencia no hace más que levantar un poco más la sospecha de un cierto favorecimiento a la causa de alguien que, por donde se mire, ostenta más poder efectivo que un blogger.

Despropósitos judiciales
El otro punto con el que estoy en total desacuerdo y que pone a la jueza, sin necesidad de ello, en medio de una sospecha de parcialidad, es la condena: tres años de cárcel suspedida y la friolera suma de trescientos mil nuevos soles como reparación civil, enorme suma comparada con los doscientos cuarenta que Godoy debería pagar al Estado si en segunda instancia confirman la sentencia. Ni en el caso de Magaly Medina contra Paolo Guerrero se sentenció de este modo. En ese caso el alcance que tenía el programa y la revista mediante las cuales se cometieron los delitos es, por mucho, más amplio que el del blog de Godoy y no hay que ser miembro del INEI para saberlo, porque, basta con saber que aquí la gente está más interesada por saber lo que le pasa a la gente de la farándula que si alguien cometió o no defraudación tributaria, segundo, casi nadie lee nada, tercero, de los que leen, pocos leen blogs (pocos en comparación, claro, con los que ven a la señora Medina). Entonces, imponer una sanción de tal magnitud es, a mi juicio, un despropósito que la hace protagonista de un escándalo innecesario. 

Mis derechos y los tuyos
Saludo, eso sí, que haya desarrollado uno de los pilares que sostienen un sistema democrático: no se puede, en ejercicio de un derecho, vulneral el de otros. Esto quiere decir que nadie tiene más derecho que otros a hacer o decir de tal modo que otros terminen afectados en sus propios derechos. 
La fórmula legal reza: el Estado no ampara el abuso del derecho, que en el fondo no es otra cosa que una forma de decir "mis derechos acaban donde empiezan los de los demás". Los periodistas son personas con estudios que ejercen el derecho a la libertad de expresión de forma más o menos masiva, pero no son los únicos, ese es un derecho reconocido a todos, periodistas o no, por lo que ustedes no son los únicos y exclusivos afectados si se atenta contra tal. Más cuidado con eso, no hay raza ni profesión intocable cuando de proteger los derechos, en un estado democrático, como siempre reclaman, de los ciudadano se trata. Godoy no es ni será por este caso el abanderado de la lucha por el derecho a la libertad de expresión, al contrario, creo que pasará a la historia como una víctima de una soberbia que contraviene, más bien, el libre y adecuado ejercicio del mismo y perjudica a un gremio que, como muchos, se sobre valora a sí mismo.

Por la extensión del presente, los otros dos temas serán tratados en otro post a publicarse dos días después de este.