Chehade y la crisis

. 20111109
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Creo que más para bien que para mal, es necesaria la existencia de un ordenamiento al menos básico de la sociedad para poder caminar hacia una civilizada convivencia. La ley es producto de la evolución y además nos allana el camino para seguir haciéndolo. La sola existencia de la ley no nos garantiza que se vayan a cumplir las finalidades que se han previsto en su creación, pero eso no depende necesariamente de la ley, que en suma es perfectible, sino más bien de nosotros, los legislados. Es por ello que, a gusto de algunos y disgusto de otros, convivimos bajo un conjunto de reglas formales que llamaremos sistema jurídico, sin necesidad de entrar en detalles ni definiciones, que aquí no estamos haciendo doctrina.

Para llegar al fondo del tema que ahora me llama siento que debo recorrer un camino un poco largo, tedioso  y hasta quizás aburrido. Comencemos:

El primer paso es saber lo que nuestra Constitución –un conjunto de reglas más bien declarativas– en su artículo primero (primera piedra del aquí llamado sistema jurídico) dice: La persona humana y es respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y el Estado. Conviene recordar esto a lo largo de todo lo que voy a decir, porque de aquí se desprenden todas las declaraciones constitucionales sobre los derechos y obligaciones de las personas, la sociedad y el Estado -incluídas las funciones de este último. Toda norma deben apuntar a este fin.

El segundo paso es conocer uno de los principios-derechos más importantes que procura el logro del mencionado fin supremo, además del correcto funcionamiento del sistema jurídico. Estoy hablando de la “igualdad ante la ley” –extendiéndonos en la tediosa doctrina jurídica, debe ser entendida como igual por la ley, somos iguales porque la ley lo manda, y ante ley, a todos sin excepción se nos aplican las mismas leyes. Esto da para más, pero dejémoslo aquí por ahora–. El faltar a este principio sólo nos llevará a crear desigualdad entre nosotros, los ciudadanos que, sin dejar de mirar nuestras cualidades especiales –discapacitados, enajenados, menores de edad, etc.–, debemos ser tratados del mismo modo que todos los demás. Es ocioso decir que la desigualdad es la madre de muchos de los conflictos que tenemos, como sociedad que enfrentar y solucionar.

Teniendo en claro esto, ahora ya podemos, como tercer paso, entrar un poco en materia: el universal derecho a la presunción de inocencia. Esto podemos traducirlo a lenguaje menos técnico usando una frase hecha: todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Como dije antes, la Constitución es más bien declarativa de principios y derechos de las personas más que una norma en sí misma. Este caso no es la excepción, sino que, conforme a su espíritu, de este principio se desprenden una serie de normas que regulan, por su especialidad, el debido proceso, teniendo siempre como norte el fin supremo de la sociedad y el Estado.
Una de las primeras consecuencias de esta declaración es que un Juez no puede partir de la idea de que soy culpable para juzgarme, sino todo lo contrario, que soy inocente; por eso es que yo no estoy en la obligación de demostrar que soy inocente, sino que es otro el llamado a demostrar ante el Juez -convencerlo de- que yo soy culpable: el Fiscal que tenga a cargo mi caso. Repito y aclaro: el Fiscal debe convencer al Juez de mi responsabilidad, pero él no me declara culpable. El Fiscal investiga, reúne pruebas en mi contra, denuncia, sólo él presume que soy culpable, él y sólo él puede partir de la suposición de mi culpabilidad. Nadie más. Yo sólo me defiendo contradiciendo lo que el fiscal aporta.
Otra de las consecuencias últimas pero muy importante, este es el cuarto paso, es que a mí nadie me puede atribuir la comisión de un delito o falta sin que exista una sentencia judicial previa. El único llamado a declarar culpable a alguien es un Juez y luego de un proceso en el que se han cumplido todas las reglas concernientes a este y no se me ha violentado ningún derecho.Quien me atribuya la comisión de un delito sin que exista la sentencia estaría cometiendo el delito de “calumnia” –que se diferencia del de difamación, porque en esta no se atribuye la comisión de un delito, sino una conducta o hecho que no me corresponde y que afecta mi reputación*–. Y, dado que no se me puede atribuir de buenas a primeras la responsabilidad de un delito o falta, no se me puede imponer obligaciones que nacerían de esa mi responsabilidad; tampoco se me pueden restringir derechos, por su puesto.

El derecho a la presunción de inocencia, como consecuencia de lo dicho anteriormente, nos ampara a todos, desde el primer ciudadano, hasta el último. Obviar un derecho para algunos y aplicarlo a otros, como dije, es minar el sistema jurídico que está para ayudarnos a convivir, es perjudicarnos a nosotros mismos.

Ahora que ya tenemos en claro esto, podemos entrar de lleno en materia: la crisis que se ha agravado a partir del caso  Chehade. Y cuando hablo de la crisis no me refiero a la del gobierno, que en realidad es menor y de más o menos fácil solución frente a la otra crisis, más preocupante por duradera y porque sus consecuencias no son tan sencillas de ver: la crisis de los derechos que nos amparan como ciudadanos. La indefensión en la que nos coloca esta crisis es realmente de temer, porque nos está llevando a perder todo el terreno ganado con sangre, sudor y lágrimas a lo largo de la historia completa del hombre, desde el pecado original –poniendo este punto mítico como el momento en que el hombre dejó de ser un animal más del paraíso y tomó conciencia de su condición– hasta nuestros días.
El agente responsable de esta crisis ha sido la prensa y su incomprensible convicción de ser dueños ya no sólo de la verdad, sino de los derechos de los demás. La prensa se presume una analogía del pater familia romano que tenía derecho hasta sobre la vida de aquellos que de él dependían y eso la torna altamente peligrosa y por demás nociva. Podrán decir que es preferible una prensa así a una prensa sumisa, es cierto, pero que sea preferible no la hace lo mejor, porque sus consecuencias, como en este caso, nos alcanzarán a todos y la solución a estas tardará muchísimo más en llegar.
Solicitar, la prensa en coro, en estampida la renuncia del señor Chehade a la vicepresidencia de la República atribuyéndole la comisión de un delito sin que haya sido debidamente procesado, es una actitud francamente reprochable, es hacer gala de un poder que no se tiene, es colocarse en un especial especial frente a todos los demás ciudadanos y, peor, súper ponerse a las autoridades nacionales, atribuyéndose facultades que no le corresponden. La prensa no puede, NO DEBE declarar culpable a nadie en base a indicios o pruebas, no puede imponer sanciones, menos puede exigirle al Presidente elegido a que tome una u otra acción como resultado de "sus investigaciones".
Este poder de la prensa es materialmente inexistente, aunque se deje sentir. Lo que es la gente de prensa en realidad es ciudadanos comunes con un oficio que permite a los demás ejercer el derecho a la información. Son un canal, sólo uno de los canales por los cuales nosotros, los ciudadanos que no ejercemos ese oficio elevado dudosamente a profesión, podamos enterarnos de aquello que sería importante. Tales son así las cosas que la prensa no sólo se ocupa de la cuestión política, sino que hay la que se ocupa de los deportes, de los espectáculos, etc. Es cierto, por su especialidad, la prensa puede ejercer cierta fiscalización de las acciones de los políticos –personas con una cualidad especial, muy distinta, eso sí, a las otras personas comunes, como los artistas, por ejemplo–, pero, como dije, de fiscalización, no son juzgadores; pueden poner la evidencia a consideración, abrir la puerta a la investigación oficial, pero ni aún así pueden violar el derecho a la presunción de inocencia de nadie, ni siquiera del tan aparentemente culpable Omar Chehade.

Este dudoso poder de la prensa no es novedoso, por su puesto. Se ha venido gestando a través de los tiempos y por los caminos de la vanidad y el ego. Se ha fortalecido con casos como el de Ciro Castillo y Rosario Ponce, otra de las perlas de caca de este gremio, que convirtieron en una novela de folletín con los ingredientes necesarios para ser pasada al medio día, junto a los refritos argumentos de Televisa: un desaparecido, una familia, que como cualquiera, busca desesperadamente a un integrante desaparecido, mucho tiempo de espera y una loca a quien se puede culpar fácilmente. Esta novelita, que se pretende extender –no podemos admitir a estas alturas que eso capítulos tan emocionantes y emotivos lleguen a un final tan absurdo: al chico no lo mataron, simplemente se resbaló y cayó. No. Tiene que haber un culpable, de donde sea– ha sido otra bomba en el interior de los derechos que tienden a ese fin supremo de la sociedad y el Estado: la dignidad de la persona humana.
Rosario a sido despojada de todo tipo de dignidad a lo largo de los meses y ante un público ansioso de más sangre en la arena: no es buena en nada, ni como enamorada, amiga, madre, ni, en el colmo, como mujer, porque es una ninfómana que rompe catres y eso no hace una chica decente. Por eso es culpable de todo lo malo que pueda atribuírsele. Daba vergüenza ajena ver a Verónica Linares decir, dignísima ella, que nunca había acusado a Rosario de nada, cuando en su canal y con su silencio como aval, se habían emitido informes en que la excesiva suspicacia reinaron con el único fin de acusar a Rosario de un homicidio que hasta la fecha no se ha demostrado haya cometido. Es decir, minando poco a poco la presunción de inocencia que le ampara, a ella como a cualquiera de nosotros, por muy disociada o fría que pueda parecer. Es más, de demostrarse que es realmente "loca" pediría, si fuera su abogado, que se le exima de proceso por ser una alienada y como tal, una inimputable. Pero, eso ya es otro tema.

Esa es la peligrosa crisis que estamos viviendo, más peligrosa que la aparentemente generada por la presencia de Chehade en la vicepresidencia. Una crisis cuyas consecuencias no quiero ni si quiera imaginar.

Para terminar, pregunto ¿Es esta la prensa preferible a la "sumisa"? ¿No es esta prensa acaso ya una sumisa de ciertos intereses ocultos? ¿Qué mueve a estos ciudadanos con oficio conocido a creerse superiores en moral e inteligencia a los demás ciudadanos, amén de seres que están encima de la justicia incluso?
Responda usted con sinceridad y quizás logremos algo en adelante.


* Este es el delito más común cometido por los periodistas. Me parece tonto esto de la buena reputación a estas alturas, pero tampoco estoy de acuerdo en despenalizar los delitos contra el honor como prentendían hace unas semanas este gremio. Llevar el tema por el sendero de los inexistente “delitos de prensa”, que en realidad son delitos comunes y comúnmente cometidos por la prensa, es francamente vergonzoso por sinuoso.

También es violencia

. 20110924
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Me despierto después de una agitada noche de resaca por una borrachera jurídica de antología y me encuentro con que hay gente que aún hace de este un mundo de mierda.

Resulta que Mónica Sánchez, para beneplácito de muchos, ha decidido salir calata en una revista. Muy bien, he dicho yo desde mi más instintivo ser hormonal cuando me enteré de eso, porque, valgan verdades, la “Charito” está más buena que pan francés recién hecho. Pero, resulta que a una cierta señora que le tiene ojeriza a Mónica, por no recuerdo qué, no le ha gustado eso.

Reproduzco de mala gana lo que ha dicho: “Esta [Mónica] no es una pacata para nada, lo que pasa es que vende otra imagen y algunas instituciones como Unicef se la creen, puede engañar a todo el mundo, menos a nosotros. ¿No, Perricholi?” (tomado de El Comercio).

La génesis de la crítica es la ojeriza que le tiene Magaly a Mónica, lo que pone el tema en el ámbito personal, lo que no tendría nada de malo si no fuera porque Medina tiene influencia en mucha gente y hace y dice a vista de miles.

Magaly Medina es altamente subjetiva al hacer sus críticas, lo que ya denota una personalidad un tanto infantil, además de ser enormemente resentida. Amén de su amor por el conflicto. Ya antes le había escuchado otra crítica en la que se agarraba del mismo tema: una aparente hipocresía de parte de la Sánchez quien, como muchos sabemos, es de izquierda y, entre otras cosas, ha participado en el lavatorio de la bandera, apoyado a Susana Villarán en el camino a la alcaldía y ahora ha sido nombrada como embajadora de buena voluntad por la Unicef.

La señora no puede conciliar que una persona que trabaja en pro de sus ideas, que realiza labor social o que es políticamente comprometida pueda además realizar este tipo de trabajos. Para esta señora, y eso lo deja claro en ese comentario, calateo es igual a inmoralidad. Esta es una idea bastante común en la gente –la misma gente que no dice ni pío por la exposición morbosa que se hace de mujeres semi desnudas en los diarios chichas, por ejemplo, como la misma Medina, quien con el uso en su programa hace publicidad a esos mismos diarios–, creer que mostrar el cuerpo desnudo es un acto reprochable por atentatorio contra la moral y las buenas costumbres ¡Díganselo a Miguel Ángel mientras pintaba la Sixtina! Así es, le tememos a nuestro cuerpo, tenemos que esconderlo, sino, no somos buenas personas.

Como dije, es tan común y tan arraigada que no hace mucho la misma idea ha llevado a los señores de la ANDA a enviar una carta de llamada de atención a los productores de La Perricholi (que me parece de mala factura, comparada por la protagonizada, justamente, por la Sánchez) por haber mostrado una teta (sí, una teta, una de esas que hay por montones en internet y en contexto realmente degradantes para las mujeres). No entiendo la posición de los señores de la ANDA. Eso sólo grafica el nivel en que nos movemos respecto de la moral y los desnudos.

Lo otro ha sido el misógino anuncio de Sony, que no ha pasado desapercibido y que ahora, para vergüenza de esa empresa y de sus creativos publicistas (?), estará dando vueltas por unos días en la red.

Ambos casos se unen en el conjunto violencia/discriminación. Ya que en ambos casos hay violencia contra la mujer (lo peor es que en el primero proviene de justamente una mujer). En el de la crítica, hay violencia explícita de una persona contra otra, pero hay otra velada contra la mujer al descalificar sarcásticamente a una que ha hecho un desnudo. Quizás Magaly esperaba que Mónica sea como Charito, medio zonzona, tan femenina y correcta. Esa perniciosa tendencia a clasificar a la gente como en un juego de roles y decir que cada quien debe hacer tales o cuáles cosas para ser mujer, o moral, o digna o lo que sea. Es la misma idea que castiga a Nadine Heredia por no ser una damita como Pilar Nores.

En el caso del cartelito, además, podemos ver esa concepción machista que nos lleva a aprobar sólo a aquellas mujeres que por gracia divina o quirúrgica cumplen escrupulosamente con el patrón de belleza que nos embuten ellos mismos a través de comerciales que, por más que lo intenten, no lograr mostrar gente más bien común (a esas otras nueve de diez mujeres discriminadas con este anuncio), lo que constituye no sólo un atentado contra la mujer, por reducirla sólo a cuerpo, sino contra todos aquellos que, siendo mayoría, no cumplimos con esos elevados patrones de todo que les gusta andar imponiendo a las empresas para mantenernos diferenciados y controlados (patrones que muchas personas han hecho suyos y que nos han llevado a padecer de depresión, estrés, bulimia o anorexia) y mantener de ese modo los niveles de venta y, de paso, de discriminación.

El cartel, que no tiene nada de creativo (repito esta palabrita porque dentro de toda agencia publicitaria hay unos señores que son llamados creativos, pero que al parecer no han trabajado en esta campaña), además, se surra en todas las gamers que consumen productos Sony. Conozco muchas amigas que juegan video juegos, que han roto el patrón de que eso es sólo para hombres o, peor, sólo para niños y que una mujer adulta no debe jugar ¿Qué hay con todas ellas? Pues, nada, son feas, o al menos nueve de ellas.

No, como dije, la violencia no tiene que ser sólo contabilizable en huesos rotos. Estas dos cosas también son violencia, por un lado, hay un llamado a mantener patrones de conducta que deben cumplirse para poder ser bien visto (si eres mujer y sales calata NO ERES buena persona, vendes imagen no más y nadie debe tomarte en cuenta) y por otro hay una reducción al mínimo de las mujeres, consecuencia, justamente de actitudes como las de la Medina, degradando y provocando discriminación, en este caso, contra las "que no están buenas".

Me gustaría ver los niveles de venta de Sony si todas ellas dejan de consumir sus productos... Quizás debería pasar eso, y los hombres deberíamos dejar de comprar también en solidaridad, ya que nuestras madres y hermanas, probablemente y siempre según este cartel, no estén buenas.

¿No discriminar es discriminar?

. 20110727
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El artículo del señorito Zegarra ha sido la delicia de “feisbuqueros” y ”tuiteros” hoy. Y, como yo no me quiero quedar atrás, intentaré mostrar los remiendos mal hechos de este artículo, en la medida de mis humildes capacidades, claro.

Veamos. El caballero de buen talante y lindas intensiones nos suelta, como para darnos desde el inicio una idea de las pachotadas que dirá más adelante lo siguiente: “pero la llamada “ordenanza gay” constituiría, de ser aprobada, una vulneración a diversas libertades –entre ellas la de comercio–“. Yo me pregunto, y sólo para ir con el ejemplo que el señor pone ¿Cómo se obstruye la libertad de comercio con una ordenanza que te obliga a “no discriminar”, es decir, a cumplir con lo que la Constitución ordena? O es que este señorito trata de decirme que la señora Villarán no me permitirá abrir un negocio porque soy homofóbico, o dándole una vueltita a la tortilla –sin alusiones sexuales–, con esta ordenanza, si soy homofóbico no me darán la autorización municipal. Si esto es así, uno de los dos no sabe leer. Vamos,  no pasa lo mismo con el cartelito de “No fumar”. Pues, más o menos, sí, es lo mismo. En salvaguarda de mis clientes no fumadores, está prohibido fumar en un establecimiento cerrado. Claro, podrían decirme que se trata de la salud. Y yo les digo, lo otro también, se trata de la salud, pero no física, sino mental y, si quieren, espiritual. La tolerancia con la comunidad LGTB nos humaniza, tanto como nos ha humanizado la tolerancia con los negros, con los judíos, con los cholos. Volviendo a lo dicho por el susodicho: no, no hay restricciones objetivas a la libertad de comercio, sólo la aplicación de una ley que deviene de un mandato constitucional, que es casi lo mismo que poner tu cartel verde con una una S blanca, o tu extintor y tus flechas. Señor, ningún negocio a cerrado o quebrado (ni siquiera las discotecas o bares), ni se han dejado de abrir por discriminar a los fumadores, con los gays pasará lo mismo ¿O es que tiene usted un negocio de naturaleza homofóbica? Si es así, le recomiendo hacer de eso un club privado donde sí podrá discriminar como quiera, pero si es abierto al público, no.

Luego el señor de marras nos sale con una perla digna de joyería: “La motivación de la alcaldesa –combatir la discriminación– es legítima, pero el remedio planteado –obligar a los locales abiertos al público a declarar con un cartel que no discriminan a los gays– discrimina a su vez a quienes desaprueban la conducta homosexual. Ellos tienen derecho a esa opinión, mientras su juicio se mantenga en el plano moral y/o discursivo”. Cuando leí esto puse una cara así más o menos =S, ya saben, como de emoticón que ha chupado limón y es que él mismo se contradice, porque dice que ellos, los homofóbicos, tienen derecho a serlo. Pues, sí, tienen derecho a serlo, si así les parece y son felices, pero, cuando abres un establecimiento al público en general, no puedes llevar tu carga moral a ella, sino que debes atenerte a lo que la ley exige y la ley exige no discriminar ¿O es que acaso un neo nazi puede abrir una tienda y no dejar entrar a negros y judíos, sólo a arios? Claro que no, no puede y no se pondrá en ese caso a decir que se está discriminando a los neo nazi ¿O sí? porque, como dije en el párrafo anterior, y lo repito para que usted, amigo lector, lo entienda, es un mandato constitucional. O sea, la biblia civil, el libro de libros, la ley de leyes, lo ya no ya o como quiera llamarlo. Contra eso nada puede usted hacer. No, sí, sú puede hacer algo, plantear una reforma, así que lo invito a que lo intente y luego me cuenta. Mientras tanto, señor, tratar de justificar cualquier la actitud homofóbica es tratar de justificar la discriminación en todas sus formas.

Luego, cuando leí esto: “Obligarlos a ocultar su ideología moral, o peor aún, mentir sobre ella, viola su libertad de expresión. La obligación del Estado con quienes sufren discriminación se limita a impedir ese abuso y/o sancionarlo, pero no comprende la conversión psicológica de quienes no les tienen simpatía. Y mucho menos por la fuerza (que es en última instancia como se impone cualquier ley)” Ya comenzaba a sentir el síncope, pero, fuerza, hombre, fuerza, dije y lo superé ¡Obligar a una ideología moral! Por Dios, este chico hubiese sido feliz siendo parte de la Inquisición. Nadie obliga a nadie a ocultar una ideología moral, se le obliga a no materializarla -lo que el señor dice que se plantea se llama restricción a la libertad de pensamiento y expresión. Yo puedo decir que no me caen, que los veo mal, que me parecen asquerosos y demás, pero no puedo materializar esa ideología moral si es que contraviene algún derecho de los demás-, como se obliga a un pedófilo a no mantener relaciones con un niño porque existe un interés superior, un derecho mayor, el del menor a no ser abusado sexualmente; o a un sádico a no maltratar a nadie, porque antes está el derecho a al integridad física (ahora, que si me sale con que la pedofilia es una ideología moral también, me estoy gastando en vano, al señor habría que enviarlo a terapia). No señor, la homofobia no es una ideología, es discriminación, punto, y por sobre ella está el derecho a no ser discriminado y eso, sí, sí, lo diré hasta aburrirlos, es una orden superior de la nación y el Estado está llamado a sancionar la discriminación, que no es lo mismo que el abuso, porque puede haber discriminación solapa o elegante. Pero, la sanción siempre es posterior a la prevención. Ahora, que a la prevención podría confundirse con un intento de convicción, sí, pues, y es que en el fondo, sí lo es un poco, pero no se trata de convencerte de que Zeus es dios y que Júpiter un impostor, sino de que ellos, los homosexuales, son seres humanos normales, sanos, como tú o como yo y que tienen un comportamiento sexual que no difiere mucho del nuestro, y es que, por lo menos yo, no he visto gays follando en medio de la plaza ¿usted sí? Tampoco he visto gays punteando escolares, aunque debe haberlos, tanto como heterosexuales -a quienes sí los he visto eh y no creo que ellos tengan el derecho a mantener esa ideología moral- que lo hacen y en ambos casos es condenable. Por lo demás, el gay es tan moral como los heterosexuales.

Nos dice además el señor Zegarra que la ordenanza promovida por la Munipalidad “pretende ir mucho más allá, y sancionar de manera inquisitorial a quienes no adhieran a una declaración de valores determinada” ¿Es que no se hace lo mismo con los que torturan, violan o asesinan por ir en contra de los derechos a la vida, la salud y la libertad por ser estos valores protegidos como pilares para el desarrollo de la sociedad? ¿Eso es inquisitorial? No creo que se atreva a llamarlo así. 
Seguidamente dice que la norma “busca entrometerse en las conciencias de los conservadores”. Despropósito total. Digamos que le digo: mira, abriré una disco ya no ya pero, a mí me caen mal los directores de cualquier publicación y no los dejaré entrar porque soy un conservador que piensa que eso de la libertad de expresión y prensa es una cuestión progre de rojos malditos que nos ha traído más desgracia que beneficio, así que usted, señor Zegarra no entra o lo saco a patadas ¿Qué tal así? Creo que no es necesario extenderme.

Ya terminado y a modo de conclusión el señorito nos suelta que “la igualdad no se promueve obligando a quienes no creen en ella a proclamarse igualitarios”. Señor, no se podrá cambiar la mente de la gente de la noche a la mañana, es cierto, pero, por lo menos podemos comenzar por promover un trato igualitario a todos, aunque no nos guste (a mí, por ejemplo, no me gusta la gente que no se baña y sube a un micro y cierra las ventanas, pero no por eso debo sacarlo a empujones del micro ¿verdad?), pues, de ese trato igualitario, obligado al inicio, se desarrollará la tolerancia y nos iremos desprendiendo de ideas y prejuicios tontos respecto de aquellos que son diferentes. Y lo resalto porque en verdad no lo son, sólo tienen un comportamiento sexual diferente, son como todos los demás seres humanos que nos rodean o usted discrimina a las personas que prefieren el sexo anal al vaginal, por ejemplo, que es el que usted prefiere. No lo creo, yo tampoco lo hago y no creo que sean distintos a mí, ni estos ni aquellos.

Concluir en que la ordenanza municipal logrará una mayor discriminación es tener una visión bastante sesgada y prejuiciada del asunto. Se busca la no discriminación, se busca que entendamos que somos iguales, se busca obligar a los que discriminan a que no lo hagan. Y, peor aún, concluir que la ordenanza es discriminatoria es ya ser tuerto a voluntad, pues, no se está buscando arrinconar a los heterosexuales a un rincón, porque, al final de cuentas, seguimos siendo mayoría, sino que busca que esta mayoría respete a esa minoría y acepte que son tan ciudadanos como cualquiera y que merecen un trato similar y de respeto.

Nobel Resentimiento

. 20110524
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A propósito de la columna de Jaime Bayly publicada vía Peru21, el reto lanzado (no entiendo exactamente para qué más si no es para dar espectáculo) por Hernando de Soto al Nobel Mario Vargas Llosa y una conversación que tuve con una amiga hace un par de días quería tocar el tema del resentimiento que “debe sentir” Don Mario contra Fujimori.

Comencemos por admitir que el rencor es un sentimiento muy humano, como el amor, la admiración o, también, el odio. Teniendo en cuenta esto y que Vargas Llosa es un ser humano, pues, es totalmente normal y coherente que pueda sentir rencor.

Le comentaba a mi amiga que sí creo que Vargas Llosa sienta rencor. Ella me miró con una cara que me acusaba de estar totalmente fuera de razón y le dije, hey, tengo mis razones para pensar que sí y la primera es que, estando en el lugar de Mario, yo sí sentiría rencor contra Fujimori y toda su estirpe de aquí hasta el juicio final. Y es que, primero, me ganó de una manera muy sucia (claro, la ingenuidad política de uno ayudo a que la cosa resulte más sencilla), se robó mi plan de gobierno, lo manipuló y desvirtuó, luego quiso quitarme la nacionalidad, por su culpa tuve que sentirme casi como un paria en mi propio país y, gracias a él, aún hay gente que me tiene un resentimiento enorme. El infundio aquel de que Mario se nacionalizó español por pura bronca, por cierto, parece ser la raíz de todo este tema del Nobel Resentimiento. Claro, luego la vida le ha dado revancha, pero la huella de todo lo que el Chino Precioso hizo, puede, y de hecho creo que queda. Mi amiga me dijo: si lo pones así, sí.


Pero, aclaré, no creo que sea sólo el rencor lo que lleva a Mario a exhortar a los peruanos a votar por Humala. Quizás sea una razón más, pero ni de lejos es la más importante. Quizás sea sólo la chispita que enciende el fuego antifujimorista en el Nobel, pero cierto es que esa chispita encuentra en todo aquello que le es achacable, y con justicia, al padre de Keiko y compañía (la misma compañía de la candidata naranja) un reguero de material inflamable sin opción a salvarse casi nada.

Considero que Mario es lo suficientemente inteligente y lúcido (su amplia literatura lo demuestra) como para que el resentimiento, de tenerlo, lo lleve a tomar una decisión, y eso a tomar acciones, que traicione a sus ideales y su declarado amor por el país. Más aún, Mario ha demostrado tener la suficiente lucidez como para pedir que se vote por Humala, pero que se mantenga la vigilancia, que se esté atento para que no se lleven a cabo esas acciones o proyectos que flotan, por culpa del mismo candidato y sus planes de gobierno, en el imaginario apocalíptico de los peruanos, y no llegar a los niveles que ha llegado su hijito Álvaro, para quien Humala ha pasado de ser el sida al paladín de la democracia, el buen gobierno, la honestidad y todo lo demás que se le ocurra al señorito. No pues, Keiko no es su padre, Lucianita tampoco es su padre… Alvarito tampoco lo es… ¿punto para Keiko? ¿Autogol de Vargas Llosa?–.

Achacarle a MVLL un resentimiento contra Fujimori no me parece descabellado ni falto de respeto. Pero, pretender que esa sea la única causa que lo lleva a tomar partido por Humala contra el partido naranja (recordemos que antes ninguno era santo, en lo quepa del término, de su devoción) es insultar la inteligencia de muchos peruanos, es simplemente abyecto, un recurso de callejón que pretende hacer quedar mal a un hombre que ha tomado partido haciendo uso de la libertad que tiene para hacerlo y que ejerce su derecho a la libertad de expresión (para felicidad de algunos humalistas).

Admito mi propensión a creer que dos Mario sí tiene una heridita que no ha terminado de cerrar en él, pero eso, ante mí, no lo disminuye como ser humano, al contrario, lo reivindica como tal, pues sólo un ser humano que es capaz de poder sentir el resentimiento que deja una ofensa tan bárbara es capaz también de sentir amor y un amor profundo, no un amor calculado, frío, matemático y convenido. Y es que, un ser humano apasionado no sólo lo será para los sentimientos políticamente correctos, sino también para los incorrectos, porque así es el ser humano, así es el hombre, así somos tú lector y yo… bloguero ¿O es que tú nunca has guardado resentimiento? ¿Nunca has querido una revancha, civilizada o salvaje, no importa, con tal que sea revancha? ¿Eso, acaso te ha hecho menos? No ¿Verdad? A Mario Vargas Llosa tampoco.

Intromisión saludable

. 20110316
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Los hechos
El día lunes la señora Susana Villarán, alcaldesa de Lima, vía conferencia de prensa nos presentó, a los ciudadanos, el informe o primera parte del informe sobre la gestión del anterior alcalde, el candidato Castañeda (si están notando desdén contra el Castañeda, no se están equivocando, pero al margen de eso, intentaré estar lo más cerca posible de la objetividad). 
Hoy miércoles, dos días hábiles después, a los "solidarios" no se les ha ocurrido mejor idea que denunciar a la alcaldesa de Lima ante el Jurado Nacional de Elecciones. Quien ha dado a conocer las acciones tomadas por ese grupo político ha sido nada menos que el inmune Congresista Menchola -quien pagaba a una señorita que yo conozco de la infancia un sueldo que ya quisiera tener yo por un cargo para el que no estaba calificada, al menos no en papel-, uno de los ingredientes más inefables y detestables de ese sancochado electorero llamado "Solidaridad Nacional" -sazonado por otros condimentos de sospechosa procedencia como Pacheco y Waisman.

Promesa cumplida
La señora Villarán, cuando candidata anunció -y fue uno de sus más sonoros anuncios, por cierto- que una de las primeras cosas que haría de llegar a la alcaldía es presentar ese informe. Aún recuerdo a la eterna candidata Lourdes Flores sudando la gota gorda cuando le preguntaban si ella lo haría.
A la actual alcaldesa se le podría reprochar la paralización de algunas obras en la ciudad -al paso que las realizaba la anterior gestión era más que evidente que quedarían muchas inconclusas-, pero ella se excusa, creo que aún de forma válida, en que está auditando tales obras para verificar qué se está haciendo, cuánto cuesta y qué tan importante es que se haga lo que se pretende. Pero, no se le puede reprochar, sino por el contrario, es plausible que, en este caso, que haya cumplido con su promesa de presentar un informe de cómo ha encontrado la, podríamos decir, gerencia general de nuestra ciudad.
Ojalá se haga costumbre que el entrante audite a la gestión anterior, por el bien de la administración pública y, por ende, de los administrados.

¿Intromisión electoral?
La excusa de los solidarios para presentar esta denuncia ha sido que es una intromisión en la campaña electoral. Siendo sinceros, no sé cuáles son los alcances de esa figura, pero creo que va por el tema de que los agentes políticos no pueden romper la neutralidad debida en tiempo de campaña de modo que, aprovechando una posición privilegiada y de los recursos que tiene al alcance -no sólo económicos-, se haga propaganda en favor de un candidato en especial. Lo que me parece una medida bastante saludable, ya que así se evita la desigualdad entre los postulantes a un puesto para el que nosotros los contrataremos.
Ahora, según yo lo veo, la intromisión en la campaña tiene su génesis y su espíritu va por el camino que acabo de señalar: no beneficiar a un candidato con recursos de una entidad pública, práctica bastante común en nuestra precaria democracia.
Además, agrega Menchola, basa esa acusación en el encono manifiesto que tiene Villarán contra Castañeda, lo que a mí me ha dado bastante risa, en verdad. Si yo fuese Villarán no sólo le tendría "encono", pues durante la campaña para las municipales, Castañeda no se portó como un caballerito inglés necesariamente con Susana, siendo más que evidente su deseo de que sea Flores la que gane las elecciones de octubre pasado -para que no lo audite y no se "intrometa" en su campaña. Entonces, los solidarios están sustentando su denuncia en un lío de barrio, a mi humilde modo de ver, lo que es totalmente comprensible viniendo de quien viene la denuncia, claro.

Saludable intromisión
A mí modo de ver las cosas, es bastante saludable lo hecho por Villarán aún cuando los más escépticos puedan señalar esto de "politiquero".
Es bueno que, como ya dije, se audite a la administración saliente y se nos de cuenta de lo que ha hecho bien o mal el anterior empleado a quien contratamos para un cargo que debe estar a nuestro servicio.
Pero, en un caso como este, más aún, porque quien ha estado a cargo de la ciudad ahora quiere estar a cargo del país entero. Nada menos. 
Varias instituciones privadas vienen haciendo propagando a favor del voto informado, la misma ONPE se ha echado al hombro la tarea de hacer que nuestra democracia no sea este raquítico remedo de sistema político que tenemos y que la ciudadanía en general se entere y emita un voto más consciente. Lo que ha hecho la alcaldesa va en ese camino, informarnos cómo es que ha actuado el ahora candidato presidencial y cómo ha dejado la administración de la oficina pequeña, la alcaldía, y eso nos permitirá saber si es o no un aspirante calificado para ocupar la oficina más grande, el gobierno central.
El tema es objetivo y claro y, a mi entender, no constituye para nada una intromisión, porque de quien se está hablando no es de un candidato cualquiera, sino del ex alcalde. Que sea candidato ahora es pues, eventual, porque eso no le quita que haya sido alcalde. El ser candidato no lo vuelve intocable. Me pregunto qué habría pasado si Villarán sólo hubiese halagado la anterior administración y señalado acierto tras acierto -como, sospecho, quizás infundadamente, la señora Lourdes, quien pasea con el candidato, hombro a hombro, donde quiera que va haciendo campaña. Fácil de deducir, no se habría señalado, por los solidarios, como una intromisión, sino que lo habrían tomado como un elemento del que echar mano a favor de su candidato.
Es lamentable, para los solidarios, por su puesto, que las noticias no sean tan auspiciosas para el candidato quien, a la sazón, va bajando cada vez más de posición en las encuestas -pagadas, manipuladas o no-, pues no da cuenta de que, en efecto, ese no es alguien a quien podamos contratar -al margen de la calidad moral o profesional de los otros, de quienes también podríamos señalar muchas cosas.

Apreciaciones finales
Ya dije que nuestra democracia es enclenque, flaca, al menos ya no paupérrima como hace algunos años, pero no está a la altura de una democracia verdadera, desarrollada y sólida. Y es que la situación de nuestro sistema no es nada más que una consecuencia de lo que es nuestra sociedad. Nuestros políticos no son nada más que nosotros mismos con un poco más de pantalla y un cargo con más sueldo -no quiero sub valuar el papel del congresista o de cualquier autoridad pública- y su comportamiento es el fiel reflejo de lo cómo nos portamos nosotros como sociedad: interpretamos las leyes a nuestra conveniencia, no tenemos moral, porque tener doble moral es no tener ninguna, no somos y no queremos ser informados y conscientes, etc.
En un sistema así no se puede entender que el ser candidato no convierte a la persona, como por arte de magia, en un ser impoluto, de moral incuestionable, sin pecado ni defecto, un ángel del Señor, ni mucho menos en alguien intocable, un invulnerable. No, para nada, sino por el contrario, el ser candidato pone a la persona en el centro de atención, una atención que debe ser minuciosa, escrupulosa en el análisis, objetiva y profunda. Al candidato hay que mirarlo por todos lados, conocerlo lo más posible a fin de saber por quién estamos votando.
Lo mismo debería pasar con el candidato Toledo, a quien, a cuenta gotas a veces, hemos venido conociendo durante y después de su gestión. Sabemos más de Toledo y de cómo maneja la cosa pública a partir de las facturas por wiskyes, itinerario del avión presidencial, denuncias y, como no también, obras y acciones ¿Por qué no puede pasar lo mismo con el candidato Castañeda? Que ha sido la alcaldesa quien ha pronunciado el discurso, pues sí, porque ella era la llamada a hacerlo ¿O quién esperaban que lo hiciera, otro candidato o un ciudadano que no tiene acceso a la información o... su propio partido quizás?

Espero que estas cosas sirvan para fortalecer nuestra democracia y en nuestra forma de verla y practicarla.

plazas. besos, pisco y derechos

. 20110215
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El sábado, nuestra Ciudad de los Reyes Católicos Apostólicos Homofóbicos y Romanos ha sido escenario de uno de los capítulos más vergonzosos de represión de derechos ciudadanos, de la elevación de la prepotencia y la intolerancia a grado de "cuidado de la moral y las buenas costumbres", de la consagración de la homofobia, ese tipo negativo de discriminación tan enraizado en nuestra sociedad, tanto como la yapa, la cutra y la coima y del aprovechamiento de la ignorancia inducida de la población para que, sin que nosotros mismos nos demos cuenta, se nos acorten más y más nuestros derechos constitucionalmente reconocidos.
El tema, como ya vemos en el párrafo anterior, tiene al menos dos lados importantes: el legal y el social ¿Poca cosa, verdad?

LOS HECHOS
Varías agrupaciones homosexuales, entre ellas el MHOL convocaron a una reunión-manifestación que habían denominado "Besos contra la homofobia" para el sábado 12 de febrero de 2011.; y, también tengo entendido, con un poco más de importancia, eso sí, que esta era la tercera vez que se convocaba a este tipo de actividad. También tengo entendido que para el día lunes 14 del mismo mes habíase convocado a una nueva actividad pro derechos de la comunidad homosexual, pero esta vez en el burgués distrito de Miraflores que, al parecer, se ha llevado a cabo sin ningún problema (que me corrijan los que sí tienen datos exactos sobre ese punto). Yo tuve la desdicha de estar por la Plaza Mayor el sábado, más o menos a eso de las diecisiete horas, minutos más, minutos menos. Noté movimiento inusual en la plaza de marras, un camión antimotines -Pinochito, si no sabes-, pasando lentamente por la pista del contorno del parque, en una actitud amenazante y es que el perímetro completo había sido desalojado de vehículos y gente, y un buen número de policías ya rodeaba la plaza. Yo pensé, ingenuo de mí, que se trataría de alguna actividad pública en la que participarían autoridades y por eso tales medidas de seguridad. Me fui del lugar.

El domingo desperté tarde en el día con la noticia que ya muchos conocemos y otros muchos prefieren ignorar, matizar, ocultar, "desmentir" u opacar: que un grupo de activistas homosexuales participantes en la actividad llamada "Besos contra la homofobia" había sido bestialmente -y no creo estar exagerando en el término- reprimidos por agentes policiales.

Hoy lunes he visto ya algunos vídeos, leídos algunos comentarios y sacado algunas conclusiones. Las que paso a exponer, no sin antes dejar presente, primero, mi vergüenza de ser parte de esta sociedad casi cavernícola y sin intensiones de salir de ese estado (sí, soy pesimista respecto de esto que llaman humanidad, a la que considero una raza salvaje, primitiva) y, segundo, mi apoyo a esos ciudadanos que han sido atropellados en sus derechos, lo que redunda en un atropello al derecho de todos nosotros.

LA LEY
La Constitución Política del Estado dada en el año 1993, tercero del gobierno de nuestro señor El Chino Precioso (si no la captaste, cállate), dice: "Toda persona tiene derecho a reunirse pacíficamente sin armas. Las reuniones en locales privados o abiertos al público no requieren aviso previo. Las que se convocan en plazas o vías públicas exigen anuncio anticipado a la autoridad, la que puede prohibirlas solamente por motivos probados de seguridad o sanidad públicas.". De lo leído, me importa lo resaltado, porque este es el punto neurálgico de la discusión, y el que no conozca este artículo de la Constitución sencillamente ya puede ir a recibir su cachiporrazo gratuito de parte de cualquier miembro de nuestra gloriosa policía nacional que no haya leído ninguna ley orgánica, reglamento interno ni nada parecido que limite su accionar como cuidador del orden -conste que no he dicho autoridad, porque la policía no la tiene, la policía actúa en nombre de la autoridad, que podría ser un juez, un ministro, una alcaldeza... etc.).

Comentando: si yo quiero reunirme con mi mancha en un lugar público, digamos, la plaza mayor, para realizar una actividad cualesquiera (darme de almohadazos entre nosotros, echar burbujas, silbar el tercer movimiento de la novena de Bethooven, besarnos -no manosearnos en nuestras partes pudendas ni debajo de la ropa, menos fornicar al aire libre, sino sólo besarnos, así como en los estúpidos concursos del beso más largo o el más lenguoso o el más chicloso o el más cojudo, así no más), se exige ANUNCIO a la autoridad (no me detendré al respecto, pero si quieres saber más te recomiendo este artículo que te sacará de burro, ignorante, bestia y demás adjetivos citados por la tía Martha, si eres de los que andan rebuznando que: estaba prohibido pues, por eso los sacaron. La ignorancia es atrevida decía mi abuelita, que Dios la tenga en su gloria, lejos de su vecinita ignorancia, por su puesto). Un anuncio no es una solicitud, no es un pedido de permiso, es sólo eso UN ANUNCIO. Hey, autoridad, te aviso que planeo reunirme con mis patas frikys en la plaza de allá para hacer globos con chicles boobaloo. Listo, nada más.

Pasemos a lo siguiente: la autoridad puede prohibir la reunión de la que ha tomado conocimiento por mi anuncio siempre que medie PROBADOS (o sea, no sospechados, no insinuados, no presumidos) motivos de seguridad y sanidad públicas.

Seguridad: estado en el cual no estás en peligro ni tú ni tus amados seres.

Sanidad: no está el peligro tu salud ni la de tus seres queridos.

Por tanto, como hacer globos con tres boobaloo no puede hacerle daño a nadie, a menos que luego pretenda pegarle el chicle masticado en el pelo de las chicas que lo llevan largo (si lo llevan pintado de rubio, merecen que les pegue los chicles), la autoridad NO PUEDE PROHIBIR mi reunión. Ya está, muerto el pollo. Ni con pizarrita me salía más claro.

RESUMEN: si te quieres reunir en un lugar público con tu mancha a lo más debes pasarle la voz a la autoridad para que esté sobre aviso, y si tu reunión no representa peligro alguno contra la seguridad pública ni contra la salud de nadie, adelante, no te la pueden prohibir.

Ejemplo a la inversa: me voy a reunir con mis amigos fanáticos de la química y vamos a soltar ácidos que al contanto con el aire crean un gas fusión que puede causar fiebres, vómitos y salpullido a quien lo inhale, sí me lo pueden prohibir. Ya verán que los señores miembros de Sendero Luminoso no avisaban a la autoridad de sus reuniones cuando serían en lugares públicos, como la plazuela de algún pueblo ayacuchano donde, digamos, iban a asesinar autoridades o campesinos, porque, según este enunciado, la autoridad les prohibiría la reunión.

Así las cosas, ya debemos tener en claro que lo que sucedió el sábado ha sido un flagrante atropello al derecho ciudadano de los activistas homosexuales, pues, que se reúnan pacíficamente en la Plaza Mayor (sin pisar el "cesped" por favor, respetemos las áreas verdes) y comiencen a darse besitos de pico (si comenzaban con toqueteo calentón ya es otra cosa) no atentaba contra la seguridad o la salud de nadie... Un momento, quizás sí, la seguridad y la salud de Monseñor Cipriani, porque el colerón que debe haber tenido teniendo tanto falladito besándose en la vía pública ¡¡horrooooor!!

Para rematar el asunto y ahondar la confusión, hoy sale la señora Alcaldesa de Lima, Susana "Lima para todos... mis patas" Villarán a decir que "están prohibidas las manifestaciones en zonas rígidas. Y yo me quedé con el ojo mirando chueco porque no entendía nada de eso al recordar, por ejemplo, que por la plaza mayor pasan las adolescentes en minipolleras y calzonetas mostrando las piernas y el poto mientras bailan caporales en las celebraciones de la Virgen de la Candelaria, o llenan la pileta del jardín de Alan con pisco para que cuanto borrachín quiera chupar gratis el día de la bebida antichilena lo haga con la venia de las autoridades nacionales. Zonas rígidas... ¿zonas rígidas? ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH… YUNGAY!!.

Las zonas rígidas son declaradas así por la Municipalidad Capitalina más o menos en el 2003 en que se prohibían las manifestaciones y reuniones públicas en lugares declarados patrimonio cultural de la humanidad, como la zona centro centro del Centro de Lima para procurar su conservación. Pero, aún así dos más dos no terminaba de darme cuatro. Entonces o yo soy bruto o la tía Villarán no apunta bien al water cuando defecar quiere. Y la clave está justamente en lo que acabo de mencionar líneas atrás: se prohíben las manifestaciones y reuniones multitudinarias en esos lugares para PROCURAR SU CONSERVACIÓN. Es decir, y porque no somos monos no podemos aplicar fríamente la ley, si la reunión no importa un peligro real contra el patrimonio cultural de la humanidad, no puede ni debe ser prohibida. Si no, no se explican las serenatas a Lima en su aniversario o cantantes de música criolla en octubre en esa misma plaza, o gigantescos conos navideños o vacas plásticas pintadas de muchos colores por todos lados. Lo del día sábado no era una manifestación de protesta, no era una marcha, no era violenta, no ponía en peligro nada más que el hígado de Cipriani y el colesterol de Rafael Rey, no atentaba contra el patrimonio. Entonces, como en la canción del Mamut Chiquitito, ¿Uy, qué pasó?

¿Por qué me he detenido tanto en este tema del derecho del libre tránsito? Porque es penosamente preocupante el poco conocimiento que tenemos como ciudadanos de nuestros derechos y la forma en que podemos ejercerlos; no sabemos casi nada acerca de cómo es que la policía puede o no actuar y cuál es el camino que debemos tomar cuando nuestros derechos son pisoteados. Más aun, me enerva el hecho de pensar que esos mismos que están llamados a velar por el cumplimiento de la ley sean los que pisoteen nuestros derechos. Toda esta clase de cómo interpretar un artículo de la constitución es indispensable para saber que la actividad del día sábado no era una actividad prohibida o ilegal por lo que el uso de la fuerza por parte de la policía ha sido un atropello no sólo a los activistas, sino a la ciudadanía entera, porque un día pasará que a mi vecina no le guste que vista camisas a cuadritos y me pondrá un trinquete policial frente a mi casa para que no salga con una de mis favoritas, a las camisas me refiero.

Y LA SOCIEDAD, BIEN, GRACIAS
Había mencionado algo acerca de la ignorancia inducida, y no me tiembla la mano al escribirlo. Yo creo, estoy seguro, de que nos están embruteciendo, nos han adormecido el cerebro y los de arriba se empeñan en seguir haciéndolo (hey, si me crees un conspiracionista de aquellos, ya te recuerdo el papel que jugó la tía Laura Bozo en los noventa, pero si no puedes ver ni eso ¿qué haces leyéndome?).

La ignorancia inducida no sólo nos ha llevado a desconocer nuestros derechos -y por supuesto, nuestras obligaciones-, sino también a tomar actitudes propias de seres irracionales, como la intolerancia a lo "distinto" -no tengo nada en contra de los homosexuales, pero uso este término porque no encuentro otra forma de presentar la idea-, como en este caso y nos lleva, además, a esgrimir argumentos que se deshacen por su inconsistencia sin necesidad de tocarlos. Somos un país que no lee, un país que vive de la idea de que somos una bonita sociedad, como en un comercial de Inka Cola, pero, en verdad no lo somos. Somos una sociedad de república bananera, con una moral mutante, con ideas victorianas y la madurez de un pre adolescente. Digo eso porque me he soplado los comentarios en distintos medios, escritos básicamente, donde se han abierto foros al respecto y no sólo encontré ese desconocimiento de la ley y esa condenable actitud de andar repitiendo lo que otros dicen como borregos sin cerebro sólo porque en este caso nos favorece, sino que también encontré opiniones y demandas que le restan importancia a un tema vital: la defensa de nuestros derechos. No sólo los de los activistas del día sábado, sino de todos.

Decir que habían comentarios homofóbicos es como decir que la sangre tiene un color rojizo, de esos abundaban, porque nuestra sociedad es machista clásica, machista cavernícola, machista de machos de pistola y cuchillo, que se enfrentan a todo sin miedo a nada y somos machos, de machistas que discriminan, que no toleran, que humillan al que es distinto, al que no es macho, y por machistas, homofóbicos.

La tolerancia y el respeto a los derechos de los demás es una muestra de civilización del ser humano. Nosotros, como sociedad, no lo somos. Buscamos la condena de las actitudes que nos incomodan, justificamos el maltrato al que está en la vereda de enfrente sin darnos cuenta que esa misma actitud luego podría revertirse contra nosotros hundiéndonos el caos... Vaya, hasta que llegué al punto en que debo decir: por eso estamos como estamos. Voy un poco más allá.

Dentro de los comentarios, además de los homofóbicos estaban aquellos que reclamaban a la alcaldesa que se preocupe por temas más importantes como (hasta risa me da recordarlo) el tránsito vehicular, esa muestra máxima de ignorancia, de violación de la ley y atropello a los derechos ajenos que podamos tener. Nuestro tránsito vehicular no es nada más que una muestra de lo que somos, unos salvajes. Lo del día sábado ha sido lo mismo: un tipo que cree que porque tiene un poco más de poder (un escudo y un palo o una máquina de toneladas de peso y sus manos en el volante) puede atropellar sin miramientos al otro, al que intenta ejercer un derecho resultándole incómodo. No ha habido diferencia, y aplaudir la actitud de la policía y justificar su accionar es como aplaudir a un chofer de combi que se lleva de encuentro a cinco personas en el paradero mientras hacía carrera con otra combi y luego, encima, se da a la fuga (los agentes policiales se quitaron los solapines esos que llevan sus nombres y/o se negaron a identificarse ante un ciudadano ¿que no sabías que puedes pedirle el nombre y rango a un agente policial en un caso como ese? No digo, estás en nada ¿por qué crees que llevan sus apellidos en el pecho? Ah, ah, ya ves).

No dudo de las buenas intenciones de la alcaldesa de Lima cuando dice que se emitirá una ordenanza municipal contra la discriminación, pero si esa ordenanza nos pudiese humanizar, no civilizar, que ya es ir un poco más lejos (la ira y la venganza son humanas y no por eso civilizadas) ¡GENIAL! Sé que no lo hará, pero no dejo de aplaudir la iniciativa, porque preocuparse porque no se permitan actos discriminatorios y que se de capacitación a los agentes del Serenazgo respecto del trato a las minorías es preocuparse por algo no importante, sino importantísimo. Si fuésemos más humanos, más civilizados, nuestro tránsito no requeriría la constante vigilancia de la autoridad para que funcione bien. Ya hay leyes dadas, leyes, en ese caso, que nacen del sentido común (eso son las normas de tránsito, purito sentido común) que regulan la forma de conducir en la ciudad, pero a las que nadie hace caso poniendo en peligro desde su propia vida hasta la de terceros ¿Cómo puede llamársele a un ser que procura su propia destrucción a través de una puesta en peligro voluntaria? Eso somos, eso hemos sido mientras hemos aplaudido la actitud de la policía el día sábado.

La moral y las buenas costumbres, dirán algunos ¿Qué moral? ¿Qué buenas costumbres? ¿Has esperado al matrimonio para tirar con tu marinovio? ¿Besas a tu enamorada sólo cuando están solos? ¿No crees que sacar la vuelta es condenable? ¿Nunca has dado una coima y permitido que se dé una para apurar el tema? ¿De qué moral y buenas costumbres hablas? Claro, el hecho de que existan ciertos comportamientos perniciosos no justifica la existencia de los otros, pero, la doble moral también enerva, es pura hipocresía. La moral y las buenas costumbres son criterios enteramente subjetivos, lo que es moral para mí no tiene que serlo para otros; son concepciones de definición harto difusa, cajitas de sastre donde entra lo que quiero que entre. Claro que hay cierto consenso respecto de ciertas actitudes, nadie folla en la banca de un parque público... no al menos mientras haya gente mirándolos.

Pero, ¿acaso esta misma noche, mientras escribo este extenso post, no hay miles de parejas besándose en plazas públicas como muestra de afecto o miles de parejas más atiborrando hostales para echar un polvo a sabiendas de todo el mundo sin necesidad de estar casados... o estando casados con otros? ¿Están siendo perseguidos por la policía? ¿Les están dando con palo en la mollera? ¿A tu hembrichi un tombo de mierda le ha puesto la mano en una teta con el pretexto de querer sacarla de ahí? Pues bien ¿Por qué es inmoral un beso homosexual? ¿Por qué falta a las buenas costumbres si lo otro no lo hace? Nuestra doble moral, nuestra hipocresía, nuestra ignorancia nos lleva a celebrar cosas como una pileta púbica llena de alcohol, ese mismo alcohol que muchas veces es el detonante de la violencia o la imprudencia que puede culminar en muerte; ese mismo alcohol que debe tomarse con moderación, según eterna recomendación promovida por el estado, es abundante en el día del pisco, se promueve su consumo, se celebran sus altos índices de ventas.
Sin embargo, condenamos el ejercicio libre de un derecho y aplaudimos su represión, como aplaudimos la pendejada del sacavueltero, o del chofer que se pasa la luz roja sin que lo vea ese tombo huevón de la esquina, porque nos incomoda ese ejercicio de un derecho, porque algo dentro de nosotros se remueve y queremos eliminarlo, desaparecerlo, silenciarlo, alejarlo de nuestras casas y nuestros hijos, no los vaya a tocar, no los vayan a imitar, no nos vaya a contagiar. Por eso esas actitudes se llaman "homofobia", porque es miedo, un miedo irracional a alguien que es distinto a nosotros, a la mayoría, si quieres (dicen que son el 10% de la población, son pocos, frente al 90% restante), y por ser minorías son los "raritos" y por "raritos" hay que eliminarlos. Y no hablo de una eliminación física, que si se pudiera se haría (hace poco leía a un tipo que pedía a gritos una ley que permita meterlos presos), pero como no podemos, los desaparecemos a través de la descalificación, los llamamos inmorales, sucios, les decimos que dan asco, que es una forma más cruel de exterminarlos, porque además de discriminarlos logras que la persona se reprima, coactas su libertad, lo haces esclavo del miedo, de ese miedo que sentimos todos contra esos seres de enfrente, míralos, qué mal se ven. Miedo absurdo y es que acaso los homosexuales no son hijos de padres heterosexuales, no tuvieron que unirse hombre y mujer para que nazca un ser humano que ¡oh, falla de la naturaleza! resultó homosexual. Miedo, pavor, pánico a ellos, a nosotros mismos, a nuestra naturaleza humana, miedo al qué dirán, miedo a los demás, miedo entre nosotros, miedo a vernos un día solos rodeados de gente que es en verdad diferente, miedo a descubrir que no todos somos delgaditos, blancos, rubios, altos, lindos... heterosexuales, miedo ancestral traducido en violencia, en intolerancia, miedo que sólo nos conduce al caos, al barbarismo. Si tan sólo fuésemos un poco más civilizados...


NOTA FINAL: No estoy a favor de actitudes provocadoras. Reconozco el derecho de los activistas del día sábado a realizar su manifestación que en el fondo busca algo más que simplemente su aceptación en la sociedad y el reconocimiento de su derecho a ser tratados por igual, sino que busca inculcar tolerancia en la gente, lo que nos haría más humanos, menos salvajes; pero, creo que sí hubo un ánimo provocador en el ponerse frente a la catedral, un edificio que representa justamente ese conservadurismo anacrónico, no sólo de las costumbres, sino también de las ideas, llevándose un poco de encuentro aquello que ellos mismos buscan, la tolerancia. Los católicos clásicos no admitirán sus manifestaciones de afecto, por muy derecho suyo que sea y ellos pueden considerar una falta de respeto lo que han hecho (conste que no hablo de la policía o la sociedad católica sólo por bautizada, que de esos entre los homosexuales por aquí hay muchos). Pero, tampoco creo que sea condenable en sí mismo y mucho menos creo que haya merecido una respuesta de ese tipo por parte de la policía.
Se debe dar a conocer los nombres de quienes ordenaron tamaña barbaridad, porque ese que ordenó es más culpable que los agentes que han tenido que cumplir la orden que vino desde arriba.
Y hasta les ha salido el tiro por la culata, porque ahora le han dado más espacio en todos los medios a esos que justamente querían reprimir y desaparecer. Ahora ya pueden tener más miedo.

Pie de página: he usado la palabra "homosexual" en todo el texto, cuando debí usar los términos "LGBT" (lesbiana, gay, bisexual y transexual) o "comunidad LGBT", pero, preferí usar sólo aquel por ser el más usado por la gente que no está relacionada o no tiene mucho conocimiento acerca de la comunidad LGBT.


*Agradecimiento especial a Regina, quien ha tenido la gentileza de corregir mis horrores ortográficos y darle mejor forma a este largo escrito para que sea leíble.