También es violencia

. 20110924
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Me despierto después de una agitada noche de resaca por una borrachera jurídica de antología y me encuentro con que hay gente que aún hace de este un mundo de mierda.

Resulta que Mónica Sánchez, para beneplácito de muchos, ha decidido salir calata en una revista. Muy bien, he dicho yo desde mi más instintivo ser hormonal cuando me enteré de eso, porque, valgan verdades, la “Charito” está más buena que pan francés recién hecho. Pero, resulta que a una cierta señora que le tiene ojeriza a Mónica, por no recuerdo qué, no le ha gustado eso.

Reproduzco de mala gana lo que ha dicho: “Esta [Mónica] no es una pacata para nada, lo que pasa es que vende otra imagen y algunas instituciones como Unicef se la creen, puede engañar a todo el mundo, menos a nosotros. ¿No, Perricholi?” (tomado de El Comercio).

La génesis de la crítica es la ojeriza que le tiene Magaly a Mónica, lo que pone el tema en el ámbito personal, lo que no tendría nada de malo si no fuera porque Medina tiene influencia en mucha gente y hace y dice a vista de miles.

Magaly Medina es altamente subjetiva al hacer sus críticas, lo que ya denota una personalidad un tanto infantil, además de ser enormemente resentida. Amén de su amor por el conflicto. Ya antes le había escuchado otra crítica en la que se agarraba del mismo tema: una aparente hipocresía de parte de la Sánchez quien, como muchos sabemos, es de izquierda y, entre otras cosas, ha participado en el lavatorio de la bandera, apoyado a Susana Villarán en el camino a la alcaldía y ahora ha sido nombrada como embajadora de buena voluntad por la Unicef.

La señora no puede conciliar que una persona que trabaja en pro de sus ideas, que realiza labor social o que es políticamente comprometida pueda además realizar este tipo de trabajos. Para esta señora, y eso lo deja claro en ese comentario, calateo es igual a inmoralidad. Esta es una idea bastante común en la gente –la misma gente que no dice ni pío por la exposición morbosa que se hace de mujeres semi desnudas en los diarios chichas, por ejemplo, como la misma Medina, quien con el uso en su programa hace publicidad a esos mismos diarios–, creer que mostrar el cuerpo desnudo es un acto reprochable por atentatorio contra la moral y las buenas costumbres ¡Díganselo a Miguel Ángel mientras pintaba la Sixtina! Así es, le tememos a nuestro cuerpo, tenemos que esconderlo, sino, no somos buenas personas.

Como dije, es tan común y tan arraigada que no hace mucho la misma idea ha llevado a los señores de la ANDA a enviar una carta de llamada de atención a los productores de La Perricholi (que me parece de mala factura, comparada por la protagonizada, justamente, por la Sánchez) por haber mostrado una teta (sí, una teta, una de esas que hay por montones en internet y en contexto realmente degradantes para las mujeres). No entiendo la posición de los señores de la ANDA. Eso sólo grafica el nivel en que nos movemos respecto de la moral y los desnudos.

Lo otro ha sido el misógino anuncio de Sony, que no ha pasado desapercibido y que ahora, para vergüenza de esa empresa y de sus creativos publicistas (?), estará dando vueltas por unos días en la red.

Ambos casos se unen en el conjunto violencia/discriminación. Ya que en ambos casos hay violencia contra la mujer (lo peor es que en el primero proviene de justamente una mujer). En el de la crítica, hay violencia explícita de una persona contra otra, pero hay otra velada contra la mujer al descalificar sarcásticamente a una que ha hecho un desnudo. Quizás Magaly esperaba que Mónica sea como Charito, medio zonzona, tan femenina y correcta. Esa perniciosa tendencia a clasificar a la gente como en un juego de roles y decir que cada quien debe hacer tales o cuáles cosas para ser mujer, o moral, o digna o lo que sea. Es la misma idea que castiga a Nadine Heredia por no ser una damita como Pilar Nores.

En el caso del cartelito, además, podemos ver esa concepción machista que nos lleva a aprobar sólo a aquellas mujeres que por gracia divina o quirúrgica cumplen escrupulosamente con el patrón de belleza que nos embuten ellos mismos a través de comerciales que, por más que lo intenten, no lograr mostrar gente más bien común (a esas otras nueve de diez mujeres discriminadas con este anuncio), lo que constituye no sólo un atentado contra la mujer, por reducirla sólo a cuerpo, sino contra todos aquellos que, siendo mayoría, no cumplimos con esos elevados patrones de todo que les gusta andar imponiendo a las empresas para mantenernos diferenciados y controlados (patrones que muchas personas han hecho suyos y que nos han llevado a padecer de depresión, estrés, bulimia o anorexia) y mantener de ese modo los niveles de venta y, de paso, de discriminación.

El cartel, que no tiene nada de creativo (repito esta palabrita porque dentro de toda agencia publicitaria hay unos señores que son llamados creativos, pero que al parecer no han trabajado en esta campaña), además, se surra en todas las gamers que consumen productos Sony. Conozco muchas amigas que juegan video juegos, que han roto el patrón de que eso es sólo para hombres o, peor, sólo para niños y que una mujer adulta no debe jugar ¿Qué hay con todas ellas? Pues, nada, son feas, o al menos nueve de ellas.

No, como dije, la violencia no tiene que ser sólo contabilizable en huesos rotos. Estas dos cosas también son violencia, por un lado, hay un llamado a mantener patrones de conducta que deben cumplirse para poder ser bien visto (si eres mujer y sales calata NO ERES buena persona, vendes imagen no más y nadie debe tomarte en cuenta) y por otro hay una reducción al mínimo de las mujeres, consecuencia, justamente de actitudes como las de la Medina, degradando y provocando discriminación, en este caso, contra las "que no están buenas".

Me gustaría ver los niveles de venta de Sony si todas ellas dejan de consumir sus productos... Quizás debería pasar eso, y los hombres deberíamos dejar de comprar también en solidaridad, ya que nuestras madres y hermanas, probablemente y siempre según este cartel, no estén buenas.