Mi derecho a ser libre

. 20120121
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Ayer por la tarde alguien me dijo que la noticia del cierre de Megaupload se estaba sobredimensionando. Quizás haya sido un poco gracias al hecho de que se ha dado en la misma semana en que se debatió la famosa ley S.O.P.A. en el parlamento norteamericano y que tuvo el marco de una protesta de los grandes de internet. Yo dije, y sigo diciendo que no es así, que es una noticia que nos debe interesar a todos, no sólo a frikis hackers, lamers o nerds, dada las consecuencias que puede tener un hecho aparentemente aislado en la forma en que se “vive” en el ciberespacio. No se trata, como trataré de explicar, del simple cierre de una de las páginas de intercambio de archivos más populares de la red, sino del intento de control que se inicia por el lado, digamos, más disfrazable de todos, el famoso copyright, contra el que, personalmente, no tengo nada, sino contra aquello que en pos de su defensa se intenta hacer.

Al margen de su origen mismo de la internet, hoy por hoy, se ha convertido en un mundo paralelo en muchos sentidos, desde la existencia de las redes sociales que sustrae a la gente de la realidad “real”, hasta la existencia de blogs y páginas de periodismo "independiente" que sirven como medio de información, casi siempre, más sinceras y directas para muchos. Por poner sólo un ejemplo un poco simple para demostrar las dimensiones de lo que digo, tenemos el famoso vídeo de la chilena Inés Pérez (quise linkear el vídeo completo pero me doy con la sorpresa de que ya no está disponible por una "reclamación del copyright", lo que me da más argumentos para lo que intento decir aquí) a quien se le tildó de racista gracias a la manipulación que un medio había hecho de una entrevista realizada para crear una noticia sensacionalista sin importarle lo que significó para la señora en cuestión -y así se hacen llamar los guardianes de la verdad- y que, gracias a la internet pudo conocerse completo demostrando que no había nada de racista o discriminador en ella. Eso ha dejado al descubierto de lo que son capaces esos medios oficiales que, casi siempre, son grandes empresas que no tienen, en el fondo, nada que ver con lo que dicen ser, sino simplemente gente preocupada por crear "circo" y llenarse los bolsillos.
En Perú ya hemos conocido lo que internet puede hacer en favor de la "verdadera verdad", sino recuérdese las últimas campañas electorales o al tristemente celebre Castañeda y su patético intento por revocar a la legítima alcaldesa Susana Villarán bajo la insostenible excusa de ineficiencia, excusa que, gracias a internet podemos contradecir con sustentos que lo dejan a él en verdadero ridículo.
Eso es consecuencia de una de las bases principales de la internet: la poca o nula restricción que hay a la libertad de expresión de la personas. Aquí podemos decir lo que pensamos, dando o no la cara, confirmando o no lo que decimos (claro que el mentiroso tarde o temprano termina siendo desenmascarado y perdiendo fuerza en este medio). Restringir la libertad de expresión cerrando los caminos que esta herramienta nos ha dado es simplemente poner a la gente en la puerta de la caverna socrática y de ahí a la manipulación total sólo hay un paso.

La razón que se esgrime para la aprobación de la ley S.O.P.A. y, por su puesto que será el favorito de todo futuro intento por lograr controlar el ciberespacio, son los famosos derechos intelectuales, lo que, resumiendo, es aquel derecho que te asiste para que puedas lucrar -si no hubiese dinero de por medio, a pocos le interesaría el tema- con algo que tú has creado. Como ya dije, yo no estoy en contra de la protección de los derechos de autor, al contrario, estoy a favor de la protección (aunque eso se contradiga con mi costumbre de descargar archivos del internet), pero, deben crearse mecanismos que al mismo tiempo que protejan estos derechos, garanticen la libertad de acción y expresión de la gente.
Una ley que para proteger un derecho patrimonial choca con otros derechos que, nos quieren hacer creer, son menos importantes, es una mala ley. Es en ese sentido que la ley S.O.P.A. no sólo es mala, es dañina para todos nosotros, usuario o no del internet (una noticia que alguien suelta en internet y va rebotando de usuario en usuario terminará en los medios masivos y oficiales llegando así a quienes no son usuarios de la red, aun a despecho suyo, por su puesto).
So pretexto de la protección de los derechos de autor es que se ha cerrado Megaupload y apresado a su excéntrico dueño y algunos otros funcionarios de la misma. Sabido es que la función principal de la intervenida página era facilitar el almacenamiento e intercambio masivo de archivos (archivos que no pueden ser enviados por un servidor de correo cualquiera, muchas veces por el peso de los mismos). Sí, es cierto que a través de esa página, como de muchas otras, se han difundido miles, sino millones, de archivos protegidos con el copyright, pero, en el fondo, no es culpa de la página, sino de los usuarios. Los seres humanos tenemos la fuerte e inevitable tendencia a procurarnos la mayor cantidad de cosas posibles al menor costo (finalmente es a lo que nos han acostumbrado todas las grandes empresas de todo en el mundo, es esa la base principal de sus campañas publicitarias, es justamente sobre eso que han construido sus imperios, sobre la explotación de esa tendencia que ellos han llamado eficiencia y que ahora llaman delito) y eso ha devenido en la acogida que ha tenido la copia "pirata". Pero, como dije, no es culpa en si de la página, ni de internet, somos así, simple. Culpar a la página y sancionarla es casi como echarles la culpa a los fabricantes de cuchillos de cocina por los crímenes por apuñalamiento caseros del mundo entero. A nadie se le ocurriría cerrar una fábrica de cuchillos porque han aumentado este tipo de crímenes ¿Verdad? Hacerlo sería absurdo. Sería tomar medidas ridículas por extremas, lo que, al final, no redunda en beneficio sino en perjuicio de la población.

Quienes están a favor de la famosa ley S.O.P.A. son las grandes empresas, aquellas que llenan los bolsillos de sus gerentes con la explotación de nuestro absurdo consumismo (telenovelas monotemáticas, cantantes producidos y sintéticos, películas vacías), pero ¿Realmente están preocupados por proteger los derechos de autor? ¿Realmente están preocupados por los creadores y sus ingresos? La respuesta es NO.
Si realmente les preocupa a la industria la propagación de ciertos "productos" ¿por qué los celulares vienen con reproductores mp3, cables de enlace a la pc, conexión a internet -servicio al que accedes pagándole a otra industria por brindártelo- o "blue tube"? ¿Por qué se venden millones de computadoras con quemadores de DVD o Blue Ray? ¿No son todos estos medios los que han terminado facilitando el intercambio de información, protegida o no, de datos y archivos entre los usuarios que los COMPRAN? Por su puesto. Toda la tecnología que desarrollan y, a como de lugar, nos venden esas mismas empresas son las que han facilitado la copia de archivos y, colateralmente, la piratería. La cosa no es de ahora, es de siempre, desde la creación de cualquier artilugio tecnológico como la imprenta, por ejemplo, que facilitó la copia masiva de libros y dejó desempleados a los "copistas", o de la fotocopiadora, que provocó la evolución del oficio de escribano. La madre del cordero aparentemente es el dinero y es que, como dije, las grandes empresas desarrolladoras de tecnología nos VENDEN sus productos. Si la preocupación por la copia e intercambio de archivos protegidos es tan grande ¿Por qué no piden a los congresos del mundo que se prohíba la venta de las cosas que he mencionado? Porque eso significaría menos ingresos para esa gente. Simple.
Los avances tecnológicos no sólo cambiaron nuestra vida, sino que han obligado a la industria a evolucionar, a adaptarse a las diferentes formas en que nos comportamos nosotros, los consumidores de sus productos. Claro, los cambios no han sido sencillos, la industria se ha resistido un poco a ello y a querido mantener el estatus quo a fin de "mantener sus ingresos", lo que también es, al final de cuentas, una mentira disfrazada de verdad.
Como dije, no es la preocupación por el ingreso de los ingresos de los "artistas" o creadores lo que motiva la ley S.O.P.A. (¿Rrecuerdan la huelga de guionistas que pedían mejoras en sus pagos?), es más, ni siquiera de la industria misma, pues, a pesar de la existencia de la fotocopia, se siguen vendiendo libros, la aparición del Betamax, el VHS, el DVD y el desarrollado Blue Ray no ha hecho que la gente deje de ir al cine; los reproductores mp3, que ahora vienen de regalo con los celulares, no han hecho que se dejen de vender discos, al contrario, la difusión por internet de los materiales que, por culpa de la industria musical, básicamente de las distribuidoras, no llegaría a la masa, ha logrado que muchos artistas crucen las fronteras que ni ellos mismos sospechaban que existían y puedan o vender o dar un concierto donde hace treinta años no hubiesen soñado.
El cierre de las páginas que "alberguen archivos protegidos con el copyright" no provocará que haya más gente en el cine o que se compren más libros. Finalmente, el gran público consumidor sigue siendo un feliz contribuyente de la gran industria (Transformers o un concierto de Justin Bieber siguen redituando millones de dólares a los empresarios productores, quienes son los que terminan ganando más con nuestro explotado consumismo) y los que producen “cultura real”, por lo general están más preocupados en difundir que en vender propiamente.

Entonces, si la aprobación de la ley S.O.P.A. o similares no pasa por la protección del copyright o el dinero ¿Cuál es el tema de fondo? Es el que debe preocuparnos a todos y no ahora, sino desde siempre: nuestra libertad para acceder a los medios que nos procuren saber, conocer, y por ello pensar, y por pensar, decidir libremente. Como dije antes, internet se ha convertido en una herramienta invaluable para ello, aun cuando los usuarios del internet no sea el cien por cien de la población mundial (hay lugares en los que ni siquiera hay luz eléctrica) y que de ellos la gran mayoría se siga portando como lo hace en la calle: consumiendo lo más publicitado, que no es necesariamente aquello que podríamos calificar como "cultura" (las páginas porno de lejos deben ser las más visitadas; los usuarios de hi5 o facebook no son todos suscriptores de páginas de noticias y, como he podido comprobar, ni siquiera por estar conectados buena parte del día desde su PC o celular son personas necesariamente informadas. Pero, igual no deja de ser una herramienta en que la libertad sea, por lo menos hasta ahora, lo primordial.
La mezquindad y la paranoia de la industria son las verdaderas impulsoras de este tipo de leyes, la mezquindad que no permite ver que el mercado ha cambiado y que, no por cerrar algunas páginas (cerrarán una y se abrirán decenas) sus ingresos se incrementarán; y la paranoia que les hace temer que nos demos cuenta de lo que son en realidad: grandes condicionadores de "monos desnudos" y explotadores del consumismo absurdo y vacío. O sea, una mierda de industria que sólo quiere seguir llenándose de dinero a costa de tenernos adormecidos y controlados.
Lejos de lograr que los usuarios de internet comencemos a consumir sus productos enlatados pagando por ellos, lo que terminarán haciendo es que el recelo que ya les tenemos, a la industria y a los políticos convenidos que no se dan cuenta que estamos tomando conciencia de que los elegimos para nuestro beneficio, no para el suyo, sea mayor y creemos, porque a pesar de sus intentos la creatividad no se detendrá, nuevos medios de quitarles la máscara y mostrarlos como son en realidad.

No permitamos que un pequeño grupo de vejetes que en su momento hicieron lo mismo que ahora pretende prohibirnos hacer pongan fronteras a nuestra libertad, que unos cuantos no decidan por la mayoría de acuerdo a sus intereses sin fijarse en los nuestros.