plazas. besos, pisco y derechos

. 20110215
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El sábado, nuestra Ciudad de los Reyes Católicos Apostólicos Homofóbicos y Romanos ha sido escenario de uno de los capítulos más vergonzosos de represión de derechos ciudadanos, de la elevación de la prepotencia y la intolerancia a grado de "cuidado de la moral y las buenas costumbres", de la consagración de la homofobia, ese tipo negativo de discriminación tan enraizado en nuestra sociedad, tanto como la yapa, la cutra y la coima y del aprovechamiento de la ignorancia inducida de la población para que, sin que nosotros mismos nos demos cuenta, se nos acorten más y más nuestros derechos constitucionalmente reconocidos.
El tema, como ya vemos en el párrafo anterior, tiene al menos dos lados importantes: el legal y el social ¿Poca cosa, verdad?

LOS HECHOS
Varías agrupaciones homosexuales, entre ellas el MHOL convocaron a una reunión-manifestación que habían denominado "Besos contra la homofobia" para el sábado 12 de febrero de 2011.; y, también tengo entendido, con un poco más de importancia, eso sí, que esta era la tercera vez que se convocaba a este tipo de actividad. También tengo entendido que para el día lunes 14 del mismo mes habíase convocado a una nueva actividad pro derechos de la comunidad homosexual, pero esta vez en el burgués distrito de Miraflores que, al parecer, se ha llevado a cabo sin ningún problema (que me corrijan los que sí tienen datos exactos sobre ese punto). Yo tuve la desdicha de estar por la Plaza Mayor el sábado, más o menos a eso de las diecisiete horas, minutos más, minutos menos. Noté movimiento inusual en la plaza de marras, un camión antimotines -Pinochito, si no sabes-, pasando lentamente por la pista del contorno del parque, en una actitud amenazante y es que el perímetro completo había sido desalojado de vehículos y gente, y un buen número de policías ya rodeaba la plaza. Yo pensé, ingenuo de mí, que se trataría de alguna actividad pública en la que participarían autoridades y por eso tales medidas de seguridad. Me fui del lugar.

El domingo desperté tarde en el día con la noticia que ya muchos conocemos y otros muchos prefieren ignorar, matizar, ocultar, "desmentir" u opacar: que un grupo de activistas homosexuales participantes en la actividad llamada "Besos contra la homofobia" había sido bestialmente -y no creo estar exagerando en el término- reprimidos por agentes policiales.

Hoy lunes he visto ya algunos vídeos, leídos algunos comentarios y sacado algunas conclusiones. Las que paso a exponer, no sin antes dejar presente, primero, mi vergüenza de ser parte de esta sociedad casi cavernícola y sin intensiones de salir de ese estado (sí, soy pesimista respecto de esto que llaman humanidad, a la que considero una raza salvaje, primitiva) y, segundo, mi apoyo a esos ciudadanos que han sido atropellados en sus derechos, lo que redunda en un atropello al derecho de todos nosotros.

LA LEY
La Constitución Política del Estado dada en el año 1993, tercero del gobierno de nuestro señor El Chino Precioso (si no la captaste, cállate), dice: "Toda persona tiene derecho a reunirse pacíficamente sin armas. Las reuniones en locales privados o abiertos al público no requieren aviso previo. Las que se convocan en plazas o vías públicas exigen anuncio anticipado a la autoridad, la que puede prohibirlas solamente por motivos probados de seguridad o sanidad públicas.". De lo leído, me importa lo resaltado, porque este es el punto neurálgico de la discusión, y el que no conozca este artículo de la Constitución sencillamente ya puede ir a recibir su cachiporrazo gratuito de parte de cualquier miembro de nuestra gloriosa policía nacional que no haya leído ninguna ley orgánica, reglamento interno ni nada parecido que limite su accionar como cuidador del orden -conste que no he dicho autoridad, porque la policía no la tiene, la policía actúa en nombre de la autoridad, que podría ser un juez, un ministro, una alcaldeza... etc.).

Comentando: si yo quiero reunirme con mi mancha en un lugar público, digamos, la plaza mayor, para realizar una actividad cualesquiera (darme de almohadazos entre nosotros, echar burbujas, silbar el tercer movimiento de la novena de Bethooven, besarnos -no manosearnos en nuestras partes pudendas ni debajo de la ropa, menos fornicar al aire libre, sino sólo besarnos, así como en los estúpidos concursos del beso más largo o el más lenguoso o el más chicloso o el más cojudo, así no más), se exige ANUNCIO a la autoridad (no me detendré al respecto, pero si quieres saber más te recomiendo este artículo que te sacará de burro, ignorante, bestia y demás adjetivos citados por la tía Martha, si eres de los que andan rebuznando que: estaba prohibido pues, por eso los sacaron. La ignorancia es atrevida decía mi abuelita, que Dios la tenga en su gloria, lejos de su vecinita ignorancia, por su puesto). Un anuncio no es una solicitud, no es un pedido de permiso, es sólo eso UN ANUNCIO. Hey, autoridad, te aviso que planeo reunirme con mis patas frikys en la plaza de allá para hacer globos con chicles boobaloo. Listo, nada más.

Pasemos a lo siguiente: la autoridad puede prohibir la reunión de la que ha tomado conocimiento por mi anuncio siempre que medie PROBADOS (o sea, no sospechados, no insinuados, no presumidos) motivos de seguridad y sanidad públicas.

Seguridad: estado en el cual no estás en peligro ni tú ni tus amados seres.

Sanidad: no está el peligro tu salud ni la de tus seres queridos.

Por tanto, como hacer globos con tres boobaloo no puede hacerle daño a nadie, a menos que luego pretenda pegarle el chicle masticado en el pelo de las chicas que lo llevan largo (si lo llevan pintado de rubio, merecen que les pegue los chicles), la autoridad NO PUEDE PROHIBIR mi reunión. Ya está, muerto el pollo. Ni con pizarrita me salía más claro.

RESUMEN: si te quieres reunir en un lugar público con tu mancha a lo más debes pasarle la voz a la autoridad para que esté sobre aviso, y si tu reunión no representa peligro alguno contra la seguridad pública ni contra la salud de nadie, adelante, no te la pueden prohibir.

Ejemplo a la inversa: me voy a reunir con mis amigos fanáticos de la química y vamos a soltar ácidos que al contanto con el aire crean un gas fusión que puede causar fiebres, vómitos y salpullido a quien lo inhale, sí me lo pueden prohibir. Ya verán que los señores miembros de Sendero Luminoso no avisaban a la autoridad de sus reuniones cuando serían en lugares públicos, como la plazuela de algún pueblo ayacuchano donde, digamos, iban a asesinar autoridades o campesinos, porque, según este enunciado, la autoridad les prohibiría la reunión.

Así las cosas, ya debemos tener en claro que lo que sucedió el sábado ha sido un flagrante atropello al derecho ciudadano de los activistas homosexuales, pues, que se reúnan pacíficamente en la Plaza Mayor (sin pisar el "cesped" por favor, respetemos las áreas verdes) y comiencen a darse besitos de pico (si comenzaban con toqueteo calentón ya es otra cosa) no atentaba contra la seguridad o la salud de nadie... Un momento, quizás sí, la seguridad y la salud de Monseñor Cipriani, porque el colerón que debe haber tenido teniendo tanto falladito besándose en la vía pública ¡¡horrooooor!!

Para rematar el asunto y ahondar la confusión, hoy sale la señora Alcaldesa de Lima, Susana "Lima para todos... mis patas" Villarán a decir que "están prohibidas las manifestaciones en zonas rígidas. Y yo me quedé con el ojo mirando chueco porque no entendía nada de eso al recordar, por ejemplo, que por la plaza mayor pasan las adolescentes en minipolleras y calzonetas mostrando las piernas y el poto mientras bailan caporales en las celebraciones de la Virgen de la Candelaria, o llenan la pileta del jardín de Alan con pisco para que cuanto borrachín quiera chupar gratis el día de la bebida antichilena lo haga con la venia de las autoridades nacionales. Zonas rígidas... ¿zonas rígidas? ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH… YUNGAY!!.

Las zonas rígidas son declaradas así por la Municipalidad Capitalina más o menos en el 2003 en que se prohibían las manifestaciones y reuniones públicas en lugares declarados patrimonio cultural de la humanidad, como la zona centro centro del Centro de Lima para procurar su conservación. Pero, aún así dos más dos no terminaba de darme cuatro. Entonces o yo soy bruto o la tía Villarán no apunta bien al water cuando defecar quiere. Y la clave está justamente en lo que acabo de mencionar líneas atrás: se prohíben las manifestaciones y reuniones multitudinarias en esos lugares para PROCURAR SU CONSERVACIÓN. Es decir, y porque no somos monos no podemos aplicar fríamente la ley, si la reunión no importa un peligro real contra el patrimonio cultural de la humanidad, no puede ni debe ser prohibida. Si no, no se explican las serenatas a Lima en su aniversario o cantantes de música criolla en octubre en esa misma plaza, o gigantescos conos navideños o vacas plásticas pintadas de muchos colores por todos lados. Lo del día sábado no era una manifestación de protesta, no era una marcha, no era violenta, no ponía en peligro nada más que el hígado de Cipriani y el colesterol de Rafael Rey, no atentaba contra el patrimonio. Entonces, como en la canción del Mamut Chiquitito, ¿Uy, qué pasó?

¿Por qué me he detenido tanto en este tema del derecho del libre tránsito? Porque es penosamente preocupante el poco conocimiento que tenemos como ciudadanos de nuestros derechos y la forma en que podemos ejercerlos; no sabemos casi nada acerca de cómo es que la policía puede o no actuar y cuál es el camino que debemos tomar cuando nuestros derechos son pisoteados. Más aun, me enerva el hecho de pensar que esos mismos que están llamados a velar por el cumplimiento de la ley sean los que pisoteen nuestros derechos. Toda esta clase de cómo interpretar un artículo de la constitución es indispensable para saber que la actividad del día sábado no era una actividad prohibida o ilegal por lo que el uso de la fuerza por parte de la policía ha sido un atropello no sólo a los activistas, sino a la ciudadanía entera, porque un día pasará que a mi vecina no le guste que vista camisas a cuadritos y me pondrá un trinquete policial frente a mi casa para que no salga con una de mis favoritas, a las camisas me refiero.

Y LA SOCIEDAD, BIEN, GRACIAS
Había mencionado algo acerca de la ignorancia inducida, y no me tiembla la mano al escribirlo. Yo creo, estoy seguro, de que nos están embruteciendo, nos han adormecido el cerebro y los de arriba se empeñan en seguir haciéndolo (hey, si me crees un conspiracionista de aquellos, ya te recuerdo el papel que jugó la tía Laura Bozo en los noventa, pero si no puedes ver ni eso ¿qué haces leyéndome?).

La ignorancia inducida no sólo nos ha llevado a desconocer nuestros derechos -y por supuesto, nuestras obligaciones-, sino también a tomar actitudes propias de seres irracionales, como la intolerancia a lo "distinto" -no tengo nada en contra de los homosexuales, pero uso este término porque no encuentro otra forma de presentar la idea-, como en este caso y nos lleva, además, a esgrimir argumentos que se deshacen por su inconsistencia sin necesidad de tocarlos. Somos un país que no lee, un país que vive de la idea de que somos una bonita sociedad, como en un comercial de Inka Cola, pero, en verdad no lo somos. Somos una sociedad de república bananera, con una moral mutante, con ideas victorianas y la madurez de un pre adolescente. Digo eso porque me he soplado los comentarios en distintos medios, escritos básicamente, donde se han abierto foros al respecto y no sólo encontré ese desconocimiento de la ley y esa condenable actitud de andar repitiendo lo que otros dicen como borregos sin cerebro sólo porque en este caso nos favorece, sino que también encontré opiniones y demandas que le restan importancia a un tema vital: la defensa de nuestros derechos. No sólo los de los activistas del día sábado, sino de todos.

Decir que habían comentarios homofóbicos es como decir que la sangre tiene un color rojizo, de esos abundaban, porque nuestra sociedad es machista clásica, machista cavernícola, machista de machos de pistola y cuchillo, que se enfrentan a todo sin miedo a nada y somos machos, de machistas que discriminan, que no toleran, que humillan al que es distinto, al que no es macho, y por machistas, homofóbicos.

La tolerancia y el respeto a los derechos de los demás es una muestra de civilización del ser humano. Nosotros, como sociedad, no lo somos. Buscamos la condena de las actitudes que nos incomodan, justificamos el maltrato al que está en la vereda de enfrente sin darnos cuenta que esa misma actitud luego podría revertirse contra nosotros hundiéndonos el caos... Vaya, hasta que llegué al punto en que debo decir: por eso estamos como estamos. Voy un poco más allá.

Dentro de los comentarios, además de los homofóbicos estaban aquellos que reclamaban a la alcaldesa que se preocupe por temas más importantes como (hasta risa me da recordarlo) el tránsito vehicular, esa muestra máxima de ignorancia, de violación de la ley y atropello a los derechos ajenos que podamos tener. Nuestro tránsito vehicular no es nada más que una muestra de lo que somos, unos salvajes. Lo del día sábado ha sido lo mismo: un tipo que cree que porque tiene un poco más de poder (un escudo y un palo o una máquina de toneladas de peso y sus manos en el volante) puede atropellar sin miramientos al otro, al que intenta ejercer un derecho resultándole incómodo. No ha habido diferencia, y aplaudir la actitud de la policía y justificar su accionar es como aplaudir a un chofer de combi que se lleva de encuentro a cinco personas en el paradero mientras hacía carrera con otra combi y luego, encima, se da a la fuga (los agentes policiales se quitaron los solapines esos que llevan sus nombres y/o se negaron a identificarse ante un ciudadano ¿que no sabías que puedes pedirle el nombre y rango a un agente policial en un caso como ese? No digo, estás en nada ¿por qué crees que llevan sus apellidos en el pecho? Ah, ah, ya ves).

No dudo de las buenas intenciones de la alcaldesa de Lima cuando dice que se emitirá una ordenanza municipal contra la discriminación, pero si esa ordenanza nos pudiese humanizar, no civilizar, que ya es ir un poco más lejos (la ira y la venganza son humanas y no por eso civilizadas) ¡GENIAL! Sé que no lo hará, pero no dejo de aplaudir la iniciativa, porque preocuparse porque no se permitan actos discriminatorios y que se de capacitación a los agentes del Serenazgo respecto del trato a las minorías es preocuparse por algo no importante, sino importantísimo. Si fuésemos más humanos, más civilizados, nuestro tránsito no requeriría la constante vigilancia de la autoridad para que funcione bien. Ya hay leyes dadas, leyes, en ese caso, que nacen del sentido común (eso son las normas de tránsito, purito sentido común) que regulan la forma de conducir en la ciudad, pero a las que nadie hace caso poniendo en peligro desde su propia vida hasta la de terceros ¿Cómo puede llamársele a un ser que procura su propia destrucción a través de una puesta en peligro voluntaria? Eso somos, eso hemos sido mientras hemos aplaudido la actitud de la policía el día sábado.

La moral y las buenas costumbres, dirán algunos ¿Qué moral? ¿Qué buenas costumbres? ¿Has esperado al matrimonio para tirar con tu marinovio? ¿Besas a tu enamorada sólo cuando están solos? ¿No crees que sacar la vuelta es condenable? ¿Nunca has dado una coima y permitido que se dé una para apurar el tema? ¿De qué moral y buenas costumbres hablas? Claro, el hecho de que existan ciertos comportamientos perniciosos no justifica la existencia de los otros, pero, la doble moral también enerva, es pura hipocresía. La moral y las buenas costumbres son criterios enteramente subjetivos, lo que es moral para mí no tiene que serlo para otros; son concepciones de definición harto difusa, cajitas de sastre donde entra lo que quiero que entre. Claro que hay cierto consenso respecto de ciertas actitudes, nadie folla en la banca de un parque público... no al menos mientras haya gente mirándolos.

Pero, ¿acaso esta misma noche, mientras escribo este extenso post, no hay miles de parejas besándose en plazas públicas como muestra de afecto o miles de parejas más atiborrando hostales para echar un polvo a sabiendas de todo el mundo sin necesidad de estar casados... o estando casados con otros? ¿Están siendo perseguidos por la policía? ¿Les están dando con palo en la mollera? ¿A tu hembrichi un tombo de mierda le ha puesto la mano en una teta con el pretexto de querer sacarla de ahí? Pues bien ¿Por qué es inmoral un beso homosexual? ¿Por qué falta a las buenas costumbres si lo otro no lo hace? Nuestra doble moral, nuestra hipocresía, nuestra ignorancia nos lleva a celebrar cosas como una pileta púbica llena de alcohol, ese mismo alcohol que muchas veces es el detonante de la violencia o la imprudencia que puede culminar en muerte; ese mismo alcohol que debe tomarse con moderación, según eterna recomendación promovida por el estado, es abundante en el día del pisco, se promueve su consumo, se celebran sus altos índices de ventas.
Sin embargo, condenamos el ejercicio libre de un derecho y aplaudimos su represión, como aplaudimos la pendejada del sacavueltero, o del chofer que se pasa la luz roja sin que lo vea ese tombo huevón de la esquina, porque nos incomoda ese ejercicio de un derecho, porque algo dentro de nosotros se remueve y queremos eliminarlo, desaparecerlo, silenciarlo, alejarlo de nuestras casas y nuestros hijos, no los vaya a tocar, no los vayan a imitar, no nos vaya a contagiar. Por eso esas actitudes se llaman "homofobia", porque es miedo, un miedo irracional a alguien que es distinto a nosotros, a la mayoría, si quieres (dicen que son el 10% de la población, son pocos, frente al 90% restante), y por ser minorías son los "raritos" y por "raritos" hay que eliminarlos. Y no hablo de una eliminación física, que si se pudiera se haría (hace poco leía a un tipo que pedía a gritos una ley que permita meterlos presos), pero como no podemos, los desaparecemos a través de la descalificación, los llamamos inmorales, sucios, les decimos que dan asco, que es una forma más cruel de exterminarlos, porque además de discriminarlos logras que la persona se reprima, coactas su libertad, lo haces esclavo del miedo, de ese miedo que sentimos todos contra esos seres de enfrente, míralos, qué mal se ven. Miedo absurdo y es que acaso los homosexuales no son hijos de padres heterosexuales, no tuvieron que unirse hombre y mujer para que nazca un ser humano que ¡oh, falla de la naturaleza! resultó homosexual. Miedo, pavor, pánico a ellos, a nosotros mismos, a nuestra naturaleza humana, miedo al qué dirán, miedo a los demás, miedo entre nosotros, miedo a vernos un día solos rodeados de gente que es en verdad diferente, miedo a descubrir que no todos somos delgaditos, blancos, rubios, altos, lindos... heterosexuales, miedo ancestral traducido en violencia, en intolerancia, miedo que sólo nos conduce al caos, al barbarismo. Si tan sólo fuésemos un poco más civilizados...


NOTA FINAL: No estoy a favor de actitudes provocadoras. Reconozco el derecho de los activistas del día sábado a realizar su manifestación que en el fondo busca algo más que simplemente su aceptación en la sociedad y el reconocimiento de su derecho a ser tratados por igual, sino que busca inculcar tolerancia en la gente, lo que nos haría más humanos, menos salvajes; pero, creo que sí hubo un ánimo provocador en el ponerse frente a la catedral, un edificio que representa justamente ese conservadurismo anacrónico, no sólo de las costumbres, sino también de las ideas, llevándose un poco de encuentro aquello que ellos mismos buscan, la tolerancia. Los católicos clásicos no admitirán sus manifestaciones de afecto, por muy derecho suyo que sea y ellos pueden considerar una falta de respeto lo que han hecho (conste que no hablo de la policía o la sociedad católica sólo por bautizada, que de esos entre los homosexuales por aquí hay muchos). Pero, tampoco creo que sea condenable en sí mismo y mucho menos creo que haya merecido una respuesta de ese tipo por parte de la policía.
Se debe dar a conocer los nombres de quienes ordenaron tamaña barbaridad, porque ese que ordenó es más culpable que los agentes que han tenido que cumplir la orden que vino desde arriba.
Y hasta les ha salido el tiro por la culata, porque ahora le han dado más espacio en todos los medios a esos que justamente querían reprimir y desaparecer. Ahora ya pueden tener más miedo.

Pie de página: he usado la palabra "homosexual" en todo el texto, cuando debí usar los términos "LGBT" (lesbiana, gay, bisexual y transexual) o "comunidad LGBT", pero, preferí usar sólo aquel por ser el más usado por la gente que no está relacionada o no tiene mucho conocimiento acerca de la comunidad LGBT.


*Agradecimiento especial a Regina, quien ha tenido la gentileza de corregir mis horrores ortográficos y darle mejor forma a este largo escrito para que sea leíble.